Vida de los Santos

nuestros modelos y patrones

El 26 de diciembre
  

San Esteban

Protomártir
(† 34)

San Esteban
San Esteban
O.D.M. pinxit

Es el "Protomártir del Cristianismo". Ya bastaría con este honroso título para ser celebrado como hace la liturgia en el día más próximo a Jesucristo, por quien derramó generosamente su sangre.

El Maestro lo había dicho: "Bienaventurados los que sufren persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos". "Bienaventurados seréis cuando os persigan y calumnien y os lleven a los tribunales por mi causa". Esteban recitaba continuamente estas palabras del Señor... Y también aquellas otras: "Os entregarán a los tribunales y a las sinagogas y os azotarán... y creerán que hacen un servicio cuando os maten".

San Lucas nos ha dejado unas páginas maravillosas de la personalidad y martirio de nuestro Santo: "Esteban, lleno de gracia y poder, realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo". Era el principal de los siete diáconos elegidos por los Apóstoles para que se encargara de la parte material de la naciente Iglesia. Ellos eran los responsables de la limosna para atender a los pobres, a las viudas y a los huérfanos, sobre todo. Esteban se distinguía entre todos los demás por su gran corazón y por los prodigios que el Señor Jesús obraba por su medio.

Era natural que los enemigos del Nazareno quisieran quitárselo de en medio, ya que les resultaba demasiado molesto. Por ello diversos grupos se confabularon en esta común empresa, pero entre todos no podían hacerle callar, ya que "era extraordinaria la sabiduría y el espíritu con que hablaba". ¿Qué hacer? Recurrir a la calumnia como hicieran unos años antes contra el Maestro: "Habla mal contra Moisés y los Profetas... No para de hablar contra el pueblo y la ley".

Lo cogieron preso y lo llevaron ante el Sanedrín. Al verlo, todos quedaron sobrecogidos de los rayos de luz que salían de su rostro. Parecía "el de un ángel". El sumo sacerdote le preguntó: "Esteban ¿es verdad lo que éstos dicen contra ti?" Y con enorme valentía contestó Esteban: "Padres y hermanos, escuchad" y les indicó que era judío como ellos, que amaba a su pueblo como ellos o más que ellos, pero que sobre aquel amor estaba la verdad. Les hizo un recuento rápido de la historia de Israel, que era la historia del amor de Dios para con su pueblo, pero que ahora había sido todo coronado por medio de la venida del Mesías anunciado y esperado, y con gran valentía, les dice sin miedo: "¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! ... Ahora vosotros habéis perseguido y asesinado al Justo. Recibisteis la ley por manos de los ángeles y no la habéis observado". Esteban lleno del Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús al pie a la derecha de Dios y dijo: "Veo el cielo abierto y al Hijo del hombre al pie de la derecha de Dios".

"Dando un grito estentóreo se taparon los oídos y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos, dejando sus ropas a los pies de un joven llamado Saulo, se pusieron también a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación: "Señor Jesús, recibe mi espíritu". Luego, cayendo de rodillas, lanzó un grito: "Señor, no les tengas en cuenta este pecado". Y, con estas palabras, expiró".

Buen testamento para toda la posteridad éste de Esteban: Sus palabras eran una repetición de las del Maestro. Su gesto generoso, también. A Esteban le seguirán legiones de niños, jóvenes, hombres y mujeres de toda raza y nación que sellarán su amor a Jesucristo siguiendo el ejemplo de este intrépido protomártir.