A la Santísima Virgen, nuestro buen ángel y Santo Patrono.

Es bueno recitar estas tres breves oraciones por la mañana, para encomendarnos a la protección de la Santísima Virgen, nuestro Ángel de la Guarda y nuestro patrón.

Virgen Santísima, Madre de Dios, mi Madre y mi Patrona, me lanzo con confianza a los brazos de Tu misericordia. Sé, Madre de la bondad, mi refugio en mis necesidades, mi consuelo en mis penas, y mi abogada con Tu adorable Hijo, hoy, todos los días de mi vida, y especialmente en la hora de mi muerte.
Ángel del Cielo, mi fiel y caritativo guía, haz que sea tan dócil a tus inspiraciones y que regule mis pasos de tal manera que no me desvíe en modo alguno del camino de los mandamientos de mi Dios.
Gran Santo cuyo nombre tengo el honor de llevar, protégeme, reza por mí, para que pueda servir a Dios como tú lo haces en la tierra, y glorificarlo eternamente contigo en el cielo. Amén

Jesús mío, perdón y misericordia: por los méritos de Vuestras Santas Llagas y los sufrimientos de Vuestra Santísima Madre.