Contemplemos a nuestro Redentor

Mis hermanos y hermanas, entramos de lleno en la cuaresma. El sólo nombre de cuaresma puede asustarnos un poco, y suscita pensamientos de penitencia, de mortificación, ayuno, abstinencia, y toda clase de renunciamientos; y se necesitan….

Pero, ¿qué es verdaderamente la cuaresma? Es sobre todo un tiempo donde contemplamos de una forma particular la manifestación del amor de Dios por el hombre.

Jesús Se hizo hombre. Él no Se hizo solamente un bello niño. Él, a pesar de ser Dios, abrazó todos los tipos de sufrimiento: ignominias, desprecios, sufrimientos físicos llevados al extremo, sufrimientos del alma. Podemos fácilmente contemplar los sufrimientos físicos de Jesús, porque ellos son visibles. ¿Pero, cuáles fueron los sufrimientos del alma de Dios hecho hombre? No podemos medirlos, ellos fueron inmensos, infinitos, inconmensurables.

¿Por qué tantos sufrimientos? Jesús, el Dios que ha hecho todas las cosas por Su omnipotencia y que gobierna todas las cosas por Su Providencia, Se ha hecho hombre para inmolarse y mostrarnos el camino a seguir. Él nos invita a entrar en Su designio. Él quiere atraer nuestra atención, nuestro corazón hacia Él para que Le sigamos por la senda estrecha del cielo.

Durante la cuaresma contemplamos de una manera especial este Jesús que voluntariamente Se hace a Sí mismo el rescate del pecado, por la expiación a Sí mismo el rescate del pecado, por la expiación de nuestras faltas. ¿Por qué? ¡Porque tanto quiere perdonar a Sus hijos! Él Se ofrece como fianza a Su Padre, porque le encanta perdonar, dar, porque quiere a toda costa salvarnos.

Padre Mathurin de la Madre de Dios