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Magníficat!

¡Para la preservación del Depósito de la Fe!
¡Para que venga el Reino de Dios!

Mi amabilísimo Jesús, hoy me consagro, una vez más y sin reservas, a Tu divino Corazón. Te consagro mi cuerpo con todos sus sentidos, mi alma con todas sus facultades y todo mi ser. Te consagro todos mis pensamientos, palabras y obras, todos mis sufrimientos y penas, todas mis esperanzas, consuelos y alegrías, y sobre todo consagro a Ti mi pobre corazón, para que Te ame sólo a Ti y se consuma como víctima en las llamas de Tu amor.
Acepta, oh Jesús, mi amabilísimo Esposo, el deseo que tengo de consolar Tu divino Corazón y de pertenecerte para siempre. Toma posesión de mí de tal manera que de ahora en adelante no tenga otra libertad que la de amarte, ni otra vida que la de sufrir y morir por Ti.
Pongo en Ti toda mi confianza, una confianza sin límites, y espero de Tu infinita misericordia el perdón de mis pecados.
Pongo en Tus manos todas mis preocupaciones, especialmente la de mi salvación eterna. Prometo amarte y honrarte hasta el último momento de mi vida y propagar, en la medida de mis posibilidades, el culto a Tu Sagrado Corazón.
Dispón de mí, oh Jesús mío, según Tu buen gusto; no quiero otra recompensa que Tu mayor gloria y Tu santo amor.
Concédeme la gracia de encontrar mi morada en Tu divino Corazón, es allí donde quiero pasar todos los días de mi vida, donde quiero dar mi último aliento. Establece también en mi corazón Tu morada y el lugar de Tu descanso, para que así permanezcamos íntimamente unidos, hasta que un día pueda alabarte, amarte y poseerte por toda la eternidad, y cantar para siempre las infinitas misericordias de Tu Sagrado Corazón. Amén.

Jesús mío, perdón y misericordia: por los méritos de Vuestras Santas Llagas y los sufrimientos de Vuestra Santísima Madre.