Jesús Hostia, fuente de toda santidad

Padre Juan Gregorio, O.D.M.

Con motivo de la fiesta de Corpus Christi, gran Fiesta de la Eucaristía, quiero dirigirles unas palabras. En realidad, la verdadera Fiesta de la Eucaristía, es el Jueves Santo, el día de la Cena. La celebramos entonces con menos solemnidad, porque la Semana Santa es el tiempo de la Pasión, un tiempo de tristeza, de penitencia. La Iglesia pues, aplazó esta fiesta en junio, mes más favorable en la mayoría de los países, a fin de poder celebrar con más realce la Fiesta de la Eucaristía. Esta fiesta fue pedida por Nuestro Señor, a Santa Juliana de Monte-Cornillon, que vivía en un convento cerca de Lieja, Bélgica, en el siglo XIII.

Todas las ceremonias exteriores, las ­procesiones de la fiesta de Corpus Christi, producen una profunda impresión en la imaginación. Los adultos no sienten tanta necesidad de eso, pero para los jóvenes, las bellas fiestas religiosas y las grandes ­ceremonias imprimen en la memoria recuerdos que permanecen para toda la vida. Si hubieran visto en el pasado todo el despliegue para la fiesta de Corpus Christi. En cada parroquia, había un gran movimiento para preparar estas magníficas fiestas religiosas. En mi pueblo, los Hermanos del Sagrado Corazón organizaban los preparativos con los niños y, en todo el recorrido de la procesión, quitábamos todas las piedras; no se dejaba nada en desorden. Se limpiaba todo; las gentes decoraban sus casas. Estas solemnidades no se pueden olvidar.

A principios de la Cristiandad todo estaba centrado en la Eucaristía. ¿De dónde los primeros mártires sacaban la fuerza y el valor de sufrir toda clase de juicios fantasmas, de interrogatorios sin fin, azotes, tormentos de toda clase? En la Eucaristía. A veces pasaban varios meses en calabozos espantosos, padeciendo torturas interminables; en la Eucaristía, el Pan de los fuertes, encontraban la gracia de persistir en confesar su fe Cristiana. Muchos Santos fueron martirizados al llevar la Eucaristía a las cárceles, como el joven San Tarsicio.

San Cipriano

San Cipriano

San Cipriano, Obispo de Cartago y Doctor de la Iglesia, martirizado en el año 258 decía: «Puesto que la divina Eucaristía tiene por objetivo fortalecer a quienes la reciben, saciemos del alimento sagrado aquellos que queremos poner al abrigo de la invasión extranjera. Me pregunto, ¿cómo persuadirlos por nuestras exhortaciones de derramar su sangre para confesar el Nombre de Jesucristo, si al punto de combatir, les negamos la Sangre de Jesucristo? Si la Iglesia no ha armado el atleta para el combate, poco está dispuesto al martirio, y el alma que el Pan eucarístico no sostiene ni inflama, pronto cae en el desfallecimiento».

El cristianismo ha comenzado con la Eucaristía. La renovación vendrá también por la Eucaristía. El diablo lo sabe y por este motivo, ataca tanto a los sacerdotes. El mundo será salvado por los santos sacerdotes y estos Santos serán formados por la Eucaristía. Es por esta razón que es muy importante de educar a la gente, a los niños en particular, para enseñarles a bien comulgar y convertirse en almas eucarísticas. San Pío X lo había comprendido: «Vamos a hacer comulgar a los pequeños, decía, y tendremos Santos entre los niños…» Es lo que sucedió.

Conferencia de Padre Juan Gregorio, Jesús Hostia, fuente de toda santidad, Editions Magníficat, 1998.

Disponible en el sítio Editions-Magnificat.com, ver el artículo #2736 de Ediciones Magníficat

 

Procesión en honor del Santísimo Sacramento

Alaba, ¡oh Sión! Alaba al Salvador, al Rey y Pastor con himnos y cánticos.
Alaba cuanto más puedas, y sin descanso; porque la mayor alabanza que se haga no será suficiente.
Alaba sin medida, al Pan vivo de Vida, al que hoy se celebra.

Lauda Sion Salvatorem

Procesión en honor del Santísimo Sacramento

 

Que la alabanza sea de todo corazón, sonora, gozosa, bella, con el alma jubilosa.
Porque hoy celebramos un solemne día, aquel que rememora la institución de la Ssma Eucaristía.

Lauda Sion Salvatorem

 

Procesión en honor del Santísimo Sacramento

¡Oh Buen Pastor, Pan verdadero, oh Jesús nuestro, ten misericordia de nosotros!: ¡apaciéntanos y cuídanos; y haznos contemplar los bienes verdaderos en la tierra de los vivientes!!!.
¡Tú que sabes todo, y todo lo puedes, tú quien a los mortales nos apacientas, haznos tus invitados, herederos y compañeros con los Santos del cielo!. Amen.

Lauda Sion Salvatorem

Procesión en honor del Santísimo Sacramento

 

Yo te adoro, Señor, con reverencia,
oculto en esa cándida apariencia:
A Ti mi corazón está rendido,
y contemplando en Ti, desfallecido.

 

 

Procesión en honor del Santísimo Sacramento

Oh, Jesús, a Quién velado ahora miro,
hágase lo que tanto yo suspiro:
que amándote yo aquí constantemente,
sea dichoso contigo eternamente.

«La Eucaristía, es Cristo y Cristo es la fuente de toda gracia. La fiesta de hoy, hermanos y hermanas, es la fiesta de la gracia por excelencia. La fuente de la gracia, Dios mismo, Se hace alimento de nuestras almas. De la verdadera devoción a la Eucaristía vendrá la transformación de las almas. Pero tengamos mucho cuidado de no comulgar de cualquier modo, yendo como ovejas siguiendo el grupo, sin ponernos en las disposiciones requeridas. Dirán tal vez: «Si me abstengo de ir, ¿qué van a pensar de mí los demás?» Lo que importa es de saber lo que Dios va pensar. Si comulgamos sin estar bien dispuestos con Dios, recibimos indignamente el Cuerpo y la Sangre de Cristo, comemos y bebemos nuestra propia condenación, según la expresión de san Pablo.»

Padre Juan Gregorio