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¡Para la preservación del Depósito de la Fe!
¡Para que venga el Reino de Dios!

Dios es mi Padre

Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo
Esta sublime oración a Dios nuestro Padre es especialmente recomendada para momentos de prueba más intensa. Se puede recitar nueve días seguidos en forma de novena.

Padre mío del cielo, ¡qué dulce es de saber que Vos sois mi Padre y que yo soy Vuestro hijo!

Especialmente cuando el cielo de mi alma está nublado y mi cruz más pasada, yo siento la necesidad de repetíroslo: ¡Padre, yo creo en Vuestro amor por mí!

Sí, yo creo que Vos sois un Padre para mí en cada momento de mi vida, y que yo soy Vuestro hijo.

Yo creo que Vos me amáis con un amor infinito.

Yo creo que me vigiláis de día y de noche y que ni un solo pelo de mi cabeza cae sin Vuestro permiso.

Yo creo que en Vuestra infinita Sabiduría, Vos sabéis mejor que yo lo que es bueno para mí.

Yo creo que en Vuestro infinito poder, podéis sacar el bien aún del mal.

Yo creo que en Vuestra infinita bondad, hacéis todo para provecho de los que Os aman; y aún bajo las manos de quienes me golpean ¡beso Vuestra mano que sana!

Yo creo, pero ¡aumentad en mí la fe, la esperanza y el amor!

Enseñadme siempre a ver Vuestro amor como mi guía en todos los acontecimientos de mi vida.

Enseñadme a abandonarme a Vos como un bebé en los brazos de su madre.

Padre, sabéis todo, veis todo, me conocéis a mí mejor que yo a mi mismo, podéis hacer todo y ¡me amáis!

Padre mío, puesto que Vuestro deseo es que siempre volvamos hacia Vos, vengo con confianza a pediros junto con Jesús y María…(Aquí se pide el favor que se desea).

Por ésta intención y uniéndome a sus Sagradísimos Corazones, Os ofrezco todas mis oraciones, mis sacrificios y mortificaciones, todas mis acciones y mayor fidelidad a todas mis obligaciones. (Si esta oración se recita como novena, añada: “Prometo ser más generoso, especialmente durante estos nueve días, en tal o cual circunstancia… con tal o cual persona…”).

¡Dadme la luz, la gracia y el poder del Espíritu Santo!

Reforzadme en éste Espíritu, que no lo pierda nunca, que nunca lo entristezca y no permitáis nunca que se debilite en mí.

Padre mío, pido esto en el nombre de Jesús, ¡Vuestro hijo! Y Vos, Jesús, abrid Vuestro corazón y por dentro colocad el mío y junto con el corazón de María ¡ofrecedlo a nuestro Divino Padre! ¡Conseguidme la gracia que necesito!

Divino Padre ¡llamad a todos los hombres hacia Vos! ¡Dejad que todo el mundo proclame Vuestra Bondad paterna y Vuestra divina misericordia! Sed un Padre tierno para mí y protegedme donde sea que yo esté como a la niña de Vuestros ojos. Hacedme siempre un digno hijo/digna hija; ¡tened misericordia de mí!

Divino Padre, dulce esperanza de nuestras almas, ¡sed conocido, honrado y amado por todos los hombres!

Divino Padre, bondad infinita derramada sobre todos los hombres, ¡sed conocido, honrado y amado por todos los hombres!

Divino Padre, rocío beneficioso de la humanidad ¡sed conocido, honrado y amado por todos los hombres!

(Madre Eugenia Elisabetta Ravasio)

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Jesús mío, perdón y misericordia: por los méritos de Vuestras Santas Llagas y los sufrimientos de Vuestra Santísima Madre.