El Santo Tiempo de Pasión

A través de la liturgia de Cuaresma y del Tiempo de Pasión, la Iglesia nos llama al camino doloroso que el Divino Salvador transitará desde el Huerto de Getsemani al Calvario.

He aquí, que viene el Domingo de Ramos y los preparativos para los funerales del Hombre-Dios. La Iglesia está en lágrimas, todo anuncia el duelo público…un velo violeta cubre la Cruz, las imágenes, las pinturas.

En la Misa de la Pasión, la Santa Esposa del Hombre -Dios (la Iglesia) va con su familia en duelo a la cumbre del Calvario.

Allí, en la Epístola, San Pablo describe la muerte de la gran Víctima del género humano y nos dice que sólo su sacrificio fue capaz de expiar el pecado; porque los antiguos sacrificios eran sólo una prefiguración del Sacrificio de la Cruz. En el Evangelio se nos recuerda la perfecta inocencia y la divinidad de la Víctima y de los judíos obstinados en el crimen, a pesar de la evidencia de los milagros y de la santidad de la doctrina del Salvador, proyectan inicuamente inmolarlo.

Mostrando en todo su esplendor su Divinidad a los conspiradores judíos, Jesús les da una gran prueba de su amor; se presenta como la más poderosa razón para no poner sobre Él sus sacrilegas manos.

Les dijo que el Profeta Jeremías había dicho a sus padres: “En cuanto a Mí, en vuestras manos estoy: haced de Mí lo que mejor os parezca y sea de vuestro agrado. Sabéis no obstante y tened por cierto que si me quitais la vida, derramareis la sangre inocente, y la haréis recaer sobre vosotros mismos, sobre esta ciudad y sus habitantes, porque verdaderamente es el Señor el que me ha enviado a intimar a vuestros oídos todas las dichas palabras.” (Jer. 26, 14-15)

Estas graves palabras que el Salvador dijo a los judíos, hace mil novecientos años, las dice cada año,  en la apertura del Tiempo Pascual a todos aquellos que se están preparando para recibirlo: “He aquí, que Yo estoy a vuestra disposición. Cuando Yo esté dentro de vuestro corazón, vosotros haréis de Mí lo que quisiereis. Sin embargo, tened en cuenta que si me crucifican de nuevo, derramareis sangre inocente en contra vuestro, porque Yo Soy el Hijo de Dios”.

Oh! Esta advertencia es única para volvernos a nosotros mismos, para probarnos en serio, al igual que el Apóstol Pablo, para que no vayamos a la santa mesa comiendo y bebiendo nuestra propia condenación! (Cf. 1 Cor 11, 27-29)

El Evangelio de la Misa nos dice que la Pasión, el Calvario, la Cruz se convertirán en el pensamiento fijo de la Iglesia. También cuando todo el santo templo anuncia luto, cantamos el himno de San Fulgencio:

Vexílla Regis pródeunt

Ya del Rey se enarbola el estandarte:
De la Cruz el misterio resplandece,
De la vida el autor muerte padece,
Y con ella la vida nos reparte.
 
Pues al violento impulso de un soldado,
Herido con la lanza cruelmente,
Para lavar al hombre delincuente
Agua y sangre manó de su Costado.
 
Ya cumplida de ve la Profecía
Que en verso siempre fiel David cantaba.
Y a todas las naciones anunciaba
Que Dios en un madero reinaria.
 
Árbol el más brillante y hermoso,
Con la Sangre del Rey ennoblecido,
De tronco digno y fértil escogido
Para tocar el Cuerpo más precioso.
 
Dichoso en cuyos brazos enclavado,
De los siglos el precio está pendiente,
Hecho peso del Cuerpo, y juntamente
Quitando a los abismos lo robado.
 
Saludamoste, oh Cruz, firme esperanza.
En este Tiempo y días dolorosos,
Acrecienta la gracia a los piadosos
Y el perdón de sus culpas al reo alcanza.
 

Estas últimas palabras se repiten a menudo en los días santos que siguen, y que será lo mismo para todos los que puedan nacer en los corazones de los cristianos sentimientos de verdadera contrici ó n. Vayamos a las impresiones de la fe; y nuestras lágrimas se mezclan al menos con la Sangre de nuestro Padre, si sacrificar por nosotros.