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Liturgia para los domingos y las fiestas principales

Los Ángeles adoran a Jesús Hostia

Fiesta solemne del Corpus Christi

Reflexión sobre la liturgia del día – de L’Année Liturgique, de Dom Prosper Guéranger

Todos los misterios que hemos celebrado hasta aquí, estaban contenidos en el augusto Sacramento, que es el memorial y como el resumen de las maravillas que el Señor hizo por nosotros. La realidad de la presencia de Cristo bajo las especies sacramentales, hizo que en la Hostia reconociésemos en Navidad al Niño que nos nació; en Pasión, la víctima que nos rescató; en Pascua, al vencedor de la muerte. No podíamos celebrar todos estos misterios sin apelar en nuestro socorro al inmortal Sacrificio, y no podía ser ofrecido, sin renovarlos ni reproducirlos.

Anuncio de la muerte del Señor. – La Sagrada Eucaristía como Sacrificio y Sacramento, es el centro mismo de la religión cristiana; por eso el Señor quiso que el hecho de su institución, descansase, en los escritos inspirados, sobre cuádruple testimonio. San Pablo, a quien acabamos de escuchar, une su voz a la de San Mateo, San Marcos y San Lucas. Apoya su relato, conforme en todo al de los evangelistas, sobre la misma palabra del Salvador, que Se dignó aparecérsele e instruirle en persona, después de su conversión.

El Apóstol insiste sobre el poder que el Señor dió a Sus discípulos de renovar la acción que acababa de realizar, y en particular nos enseña que cada vez que el sacerdote consagra el cuerpo y sangre de Jesucristo, anuncia la muerte del Señor, manifestando por estas palabras la unidad del sacrificio sobre la cruz y sobre el altar. Por la inmolación del Redentor sobre la cruz, la carne de este cordero de Dios llega a ser asimismo “verdadera comida”, y Su sangre, “verdadera bebida”, como lo dirá pronto el Evangelio. No lo olvide el cristiano ni en este día de triunfo. Lo hemos visto hace un instante: la Iglesia en la Colecta no desea sino inculcar profundamente en el alma de sus hijos la última y tierna recomendación del Señor: “Cada vez que bebáis de este cáliz de la nueva alianza, hacedlo en memoria Mía.” La elección que hace para la Epístola de este trozo del gran Apóstol, debe servir al cristiano para comprender mejor que la carne divina que alimenta su alma, fué preparada en el Calvario, y que, si el Cordero está hoy vivo e inmortal, por una muerte dolorosa fué por la que llegó a ser nuestro alimento. El pecador reconciliado debe recibir con compunción el sagrado Cuerpo, del que debe reprocharse amargamente el haber agotado toda la Sangre por sus pecados; el justo participará de él con humildad, acordándose de que también él tuvo su parte en los dolores del Cordero inocente, y que, si hoy siente en sí la vida de la gracia, no lo debe sino a la Sangre de la Víctima, cuya Carne le va a ser dada en alimento.

Los alimentó con grosura de trigo, aleluya: y los sació con miel de la roca, aleluya, aleluya, aleluya. – Salmo: Ensalzad a Dios, nuestro ayudador: cantad jubilosos al Dios de Jacob.

Colecta

Oh Dios, que bajo este admirable Sacramento, nos dejaste el recuerdo de Tu pasión: suplicámoste hagas que veneremos de tal modo los sagrados Misterios de Tu Cuerpo y Sangre, que sintamos siempre en nosotros el fruto de Tu redención.

Epístola

Lección de la Epístola del Apóstol San Pablo a los Corintios. (XI, 23-29)

Hermanos: Pues yo recibí del Señor lo que os he enseñado a vosotros: que el Señor Jesús, en la noche que iba a ser entregado, tomó el pan, y, dando gracias, lo partió, y dijo: Tomad, y comed: Este es Mi cuerpo, que será entregado por vosotros: haced esto en memoria Mía. Tomó igualmente el cáliz, después que cenó, diciendo: Este cáliz es el Nuevo Testamento en Mi sangre. Haced esto, cuantas veces bebáis, en memoria Mía. Porque, cuantas veces comáis este pan, y bebáis el cáliz, anunciaréis la muerte del Señor, hasta que venga. Por tanto, quien comiere este pan, o bebiere el cáliz del Señor, indignamente, será reo del cuerpo y de la sangre del Señor. Pruébese, pues, el hombre a si mismo: y coma así de este pan y de este cáliz. Porque, el que lo come, o lo bebe, indignamente, come y bebe su propio juicio, no distinguiendo el cuerpo del Señor.

Gradual

Los ojos de todos están fijos en Ti, Señor: y Tú les das el sustento en tiempo oportuno. Abres Tu mano: y llenas de bendición a todo viviente. Aleluya, aleluya. Mi carne es verdaderamente comida, y Mi sangre es verdaderamente bebida: el que come Mi carne y bebe Mi sangre, permanece en Mí y Yo en él. Aleluya.

Evangelio

Continuación del santo Evangelio según San Juan. (VI, 56-59)

En aquel tiempo dijo Jesús a las turbas de los judíos: Mi carne es verdaderamente comida, y Mi sangre es verdaderamente bebida. El que come Mi carne y bebe Mi sangre, permanece en Mí, y Yo en él. Como Me envió el Padre viviente, y Yo vivo por el Padre: así, el que Me coma a Mí, también vivirá por Mí. Este es el pan que descendió del cielo. No será como con vuestros padres, que comieron el maná y murieron. El que coma este pan, vivirá eternamente.

  1. Oh Jesús que_en la Hostia sagrada,
    El Amor Infinito_acrisolas,
    Y gustoso y_humilde Te_inmolas,
    Transformado_en divino Manjar.

  2. Tú con pródiga mano nos diste
    Una patria por Ti bendecida,
    Por dos mares inmensos unida
    Que la besan y_arrullan al par.

  3. En sus campos ubérrimos brotan
    Como premio_a la fácil labranza,
    Entre cantos de dulce_esperanza,
    Abundante la pródiga mies.

  4. Jesús Hostia, quedarte quisiste
    Veinte lustros de paz y de_arrullos
    Que_a Ti vayan los cánticos suyos,
    A mostrar su cariño_a Tus pies.

  5. El que boga_en el mar tenebroso
    Entre_angustia, zozobra_y quebranto;
    El que vierte_a raudales el llanto,
    Sin consuelo ni_amparo ni luz.

  6. Venga_aquí donde_humilde se_oculta
    El Dios hombre bajado del cielo,
    Que por dar a los hombres consuelo
    Dio primero Su Sangre_en la Cruz.

  7. Oh Jesús que_en la Hostia sagrada,
    El Amor infinito_acrisolas,
    Y gustoso y_humilde Te_inmolas,
    Transformado_en divino Manjar.