La Orden del Magníficat de la Madre de Dios

Por la conservación del Depósito de la Fe

La Orden del Magníficat de la Madre de Dios

La Orden del Magníficat de la Madre de Dios, requerida por la Santísima Virgen misma en La Salette, Francia, fue fundada en Canadá en 1962.

La Orden consta de sacerdotes, religiosos y religiosas. Algunos de éstos conservan la identidad y los fines propios de sus congregaciones respectivas, aunque todos se conforman a una regla común dictada por la Madre de Dios en La Salette (1846) y aprobada por León XIII en 1879.

La Orden también cuenta con discípulos, laicos (célibes o casados) que viven en comunidad con los religiosos y comparten sus labores. Asimismo hay terciarios, seglares que viven en el mundo en hogares cenáculos.

La Orden del Magníficat de la Madre de Dios forma parte de la Iglesia Católica de los Apóstoles de los Últimos Tiempos. Esta Iglesia es autónoma y universal, existe y opera bajo su propia Jerarquía. La fe, doctrina, tradición y prácticas de esta Iglesia son católicas. Al mismo tiempo que se propone resueltamente volver a la sencillez y pureza evangélicas de los primeros siglos de la cristiandad, la Iglesia Católica de los Apóstoles de los Últimos Tiempos se esfuerza en guardar intactas las enseñanzas doctrinales y dogmáticas impartidas con admirable continuidad, a través de los siglos, por los Santos y Doctores de la Iglesia Católica Romana.

Jurídicamente, la Iglesia Católica de los Apóstoles de los Últimos Tiempos, también conocida como los Apóstoles del Amor Infinito de la Orden del Magníficat de la Madre de Dios, se halla plenamente acreditada y posee en Canadá una Carta de Incorporación Provincial (Quebec) y una Carta Federal para todo el país. Patentes análogas le han sido otorgadas por los gobiernos de los Estados Unidos, Puerto Rico, Guatemala, República Dominicana y Ecuador. La Orden se halla también establicida en Francia, Guadalupe, Italia y África del Sur.

Además de la adoración perpetua del Santísimo, la oración, el estudio y trabajos diversos, la Comunidad se dedica a múltiples obras de misericordia corporal y espiritual. No obstante, el fin principal de la Orden es la conservación del Depósito de la Fe mediante la enseñanza religiosa a jóvenes y adultos en todos sus aspectos. Otro fin particular de la Orden es la lucha contra los abusos que han conducido a la decadencia del clero, del estado religioso y de la sociedad cristiana. La Orden se afana de manera especial por lograr la unidad cristiana tan deseada por Jesucristo y Sus verdaderos discípulos — unidad en la verdad.

 

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Muestra fotográfica

Grupo de Religiosos y Discípulos de la Orden del Magníficat de la Madre de Dios.

«Dios nos ha traído en esta Obra para seguir Sus huellas y para mostrar el camino estrecho a nuestros hermanos, a los que quieren ser cristianos.  Nosotros los primeros debemos andar por ese camino.»  (Padre Juan Gregorio)

Grupo de Religiosas y Discípulos

Melania Calvat, Mensajera de Nuestra-Señora de La Salette (1846), contemplaba en una visión profética la vida y la obras futuras de los hijos y hijas de la Orden de la Madre de Dios. Veía también a varias ordenes religiosas llegar a fundirse con esta Orden y las otras por su contacto recobrar su espíritu primitivo.

Grupo de Religiosos a una peregrinación a la ciudad de Quebec

«Dios quiso reunirlos aquí, ante todo para vivir bajo Su mirada, para agradarle y cumplir Su santa Voluntad, para ser realmente Sus hijos de predilección en los cuales encuentre Su complacencia, como la encontraba en Su divino Hijo, Jesús…»  (Padre Juan Gregorio)

Bajo los auspicios de María Madre de Dios

«Imitemos a nuestra Madre celestial, devolvamos hacia el cielo todo lo bueno que hay en nosotros; atribuyamos todo a Dios.  Vivamos plenamente este misterio del Magníficat; la gratitud forma parte de nuestra vocación.  Toda nuestra vida debe ser un himno perpetuo de gratitud hacia Dios que nos ha colmado de los favores más extraordinarios.»  (Padre Juan Gregorio)

«Nuestra misión consiste en despertar la fe en el mundo.  Necesitaremos una fe muy ardiente, muy viva, una fe que nos lleve a realizar acciones de gran valentía.  La fe ha hecho a los Santos.  La fe hará a los nuevos Apóstoles que irán a predicar el Evangelio.  Que la fe crezca en sus almas, para que puedan ser los elegidos y los nuevos apóstoles que Dios utilizará para renovar la cristiandad, para llevar la fe a las almas.»   (Padre Juan Gregorio, nuestre Fundador)