El 2 de Julio

Dia del Magníficat

y de la Visitación de María a Su prima Isabel

El Magníficat es un canto y una oración cristiana. Proviene del evangelio de Lucas 1:46-55 y reproduce las palabras que María dirige a Dios cuando visita a su prima Isabel, madre de Juan el Bautista y esposa de Zacarías. El nombre de la oración está tomado de la primera frase en latín, que reza Magnificat anima mea Dominum :

Glorifica Mi alma al Señor.
Y se regocija Mi espíritu en Dios Salvador Mío.
Porque miró la pequeñez de Su Sierva: por tanto, Me llamarán bienaventurada todas las generaciones.
Porque ha hecho en Mí cosas grandes el Todopoderoso: y Su Nombre es santo.
Y Su misericordia se extiende de generación en generación a los que Le temen.
Hizo prodigios con Su brazo, desbarató los proyectos de los soberbios.
Destronó a los poderosos, y exaltó a los humildes.
A los hambrientos llenó de bienes, y dejó vacíos a los ricos.
Recibió a Israel, Su siervo, acordándose de Su misericordia.
Según lo que había prometido a nuestros Padres, Abrahán y su descendencia para siempre.

Vivamos nuestro Magníficat

Padre Juan Gregorio, o.d.m.

Contemplamos el misterio de la Visitación de María a Su prima, Santa Isabel.  Isabel felicita a María por el inmenso privilegio de ser la Madre de Dios hecho hombre.  Inmediatamente, la Santísima Virgen dirige estos elogios hacia el Altísimo y entona el hermoso himno del «Magníficat» en acción de gracias a Dios, atribuyéndole todas estas maravillas que había cumplido en Ella.

Hermanos y hermanas, imitemos a nuestra Madre celestial, devolvamos hacia el cielo todo lo bueno que hay en nosotros; atribuyamos todo a Dios.  Vivamos plenamente este misterio del Magníficat; la gratitud forma parte de nuestra vocación.  Toda nuestra vida debe ser un himno perpetuo de gratitud hacia Dios que nos ha colmado de los favores más extraordinarios.

Todo lo que Dios nos ha dado debe servir únicamente para Su divina gloria.  No podemos negar lo que Dios hace por nosotros.  Con toda humildad, hay que reconocer los talentos, los dones con los cuales Dios nos ha gratificado, pero no debemos atribuirnos esos dones.  Todo viene de Dios, por pura bondad, gratuitamente.  No habíamos siquiera nacido que ya Dios pensaba en los dones que nos iba a dar.  Por cierto no los hemos merecido.

Sería una locura de apropiarse lo que Dios nos ha dado de manera totalmente gratuita, sin mérito ninguno de nuestra parte.  Miró, dice la Santísima Virgen, la humildad de Su Sierva: por tanto Me llamarán bienaventurada todas las generaciones.  Porque ha hecho en Mí cosas grandes el Todopoderoso y Su Nombre es santo.  Es la humildad de la Santísima Virgen que Le ha atraído todos Sus privilegios.  Los padres de la Iglesia dicen que la humildad de la Santísima Virgen ha sido la escalera mediante la cual Dios ha podido bajar hasta nosotros.

Debemos utilizar todos los dones de Dios con mucho respeto, sin desperdiciar nada; es el medio apropiado para recibir más dones.  Falta la gratitud en muchas almas.  Son ingratas, no tienen agradecimiento; no saben apreciar lo que Dios hace por ellas.

El mayor agradecimiento que podemos manifestar a Dios, es utilizar de manera correcta todo lo que nos ha dado, es decir para Su gloria y el cumplimiento de Su santa Voluntad.  «Dios mío, me habéis dado un cuerpo con salud: lo pongo a Vuestro servicio para demostraros mi amor.  Me habéis dado una inteligencia, la emplearé para serviros con toda la fuerza de mi alma.  Me habéis dado un corazón, lo gastaré en amaros sin reserva.  Me habéis dado ojos: los abriré para ver las necesidades de mi prójimo y socorrerle; leeré Vuestra divina palabra en las Sagradas Escrituras para meditarla y aficionarme de ella.  Emplearé mi lengua para publicar Vuestras alabanzas, cantar hermosos himnos, y alentar a mi prójimo.  Utilizaré esas manos que me habéis dado para hacer el bien y ayudar a mi prójimo.

Todo viene de Dios

Agradezcamos a Dios por la gracia del bautismo; millones de paganos no tuvieron el privilegio de nacer en un país cristiano.  Seamos agradecidos por las gracias sin número y gratuitas que Dios nos concede a cada instante, sin que podamos siquiera tener conocimiento de ello.  Tengamos siempre el Magníficat en los labios, o el Deo gratias como San Félix de Cantalicio.  El pueblo lo llamaba Fray Deo gratias porque siempre tenía esta palabra en la boca.  Seamos hermanos Magníficat, hermanas Magníficat por nuestras perpetuas acciones de gracias, puesto que todo es gracia de Dios, todo viene de Él.  La gratitud es uno de los cuatro fines de la oración como lo enseña el pequeño catecismo:  La oración es una elevación de nuestro espíritu hacia Dios, ya sea para adorarle, agradecerle Sus beneficios, implorar Su perdón, o para solicitar las gracias que necesitamos para el alma y el cuerpo.

Todos los días, agradezcamos a Dios por darnos todavía tiempo para servirle.  Cada día, cada instante de nuestra vida es un don tan valioso de Dios; no lo desperdiciemos.  ¿Hemos aprovechado bien de este día para Dios, para Su mayor gloria, para nuestra santificación?  Cada día de nuestra vida es una gracia, que debemos aprovechar al máximo, porque el tiempo pasa y no vuelve más.  Todo lo que hemos hecho hoy para agradar a Dios es una moneda para la eternidad.  Nuestro Señor nos dice:  Atesorad tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín los corroen, -tesoros eternos.  No debemos perder ni un minuto mientras tenemos aún tiempo, puesto que en Su bondad, Dios nos brinda este tiempo para que podamos enriquecernos para la eternidad.

Gracias, Dios mío.

Gracias, Dios mío, por todos Vuestros beneficios, por todo lo que habéis hecho por nosotros.  A menudo hemos bordeado los precipicios, estábamos en peligro de perdernos eternamente y nos habéis sostenido.

Gracias Dios mío, gracias, Maestro querido, Bienhechor querido, gran Benefactor de toda nuestra vida.  Muchas gracias por todos Vuestros beneficios.  Gracias por haberos entregado a nosotros en la Eucaristía; gracias por mantenernos en vida; gracias por mantenernos unidos en Vuestra casa.  Gracias por habernos facilitado la vida religiosa, dándonos todo lo necesario para retirarnos del mundo y vivir junto a Vos en la oración y el recogimiento.  Cuántas personas en el mundo tienen muy poco tiempo para estar con Vos.  Somos verdaderamente privilegiados.

Gracias por habernos conservado la libertad de serviros pese a todas las dificultades que experimentamos.  Os damos gracias por ello, Dios mío; queremos utilizar esta -libertad para serviros aun con más cuidado y aplicación.

Gracias por todas las mercedes innumerables, múltiples e infinitas, que nos habéis otorgado desde que estuvimos aquí en estos lugares.  Concedednos estar tan agradecidos por Vuestras bondades que nuestra vida sea totalmente transformada.  Dadnos la gracia de apreciar cada vez más Vuestros divinos dones para no desperdiciarlos.  Queremos aprovechar al máximo todas estas gracias para crecer en Vuestro amor.

Gracias, Dios mío, por todos Vuestros beneficios.  Por eso Os daremos gracias eternamente.  Gracias por todos los favores concedidos a cada uno de nosotros en particular y a toda la Comunidad.  Gracias por todas Vuestras protecciones milagrosas, por Vuestra asistencia continua, por todas las luces que nos otorgáis, por todas estas comuniones que hemos tenido la dicha de recibir, por todas estas santas Misas que podemos celebrar.  Gracias, Dios mío.  Gracias mil veces.  Os pedimos humildemente continuar dándonos Vuestro favor a pesar de nuestra indignidad.  Amen.

Extractos de instrucciones dadas en Saint-Jovite. Librito disponible a Editions Magnificat, artículo número 2791