Emanuel — Dios con nosotros

Santo Evangelio según San Juan 1, 1-14 (extractos)

Al principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios.

Era la luz verdadera, que viniendo a este mundo ilumina a todo hombre. Estaba en el mundo y por El fue hecho el mundo, pero el mundo no Le conoció. Vino a los Suyos, pero los Suyos no Le recibieron.

Mas a cuantos Le recibieron dioles poder de venir a ser hijos de Dios, a aquellos que creen en Su nombre; que no de la sangre, ni de la voluntad carnal, ni de la voluntad de varón, sino de Dios son nacidos.

Y el Verbo Se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos visto Su gloria, gloria como de Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.

La Encarnación del Verbo

Santo Evangelio según San Lucas 1, 26-38 (extractos)

Fue enviado el ángel Gabriel de parte de Dios a una Virgen desposada con un varón de nombre José, de la casa de David; el nombre de la Virgen era María.

Entrando Le dijo:
«Concebirás en Tu seno y darás a luz un Hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Será grande, y Lo llamarán: Hijo del Altísimo. Dios Le dará el trono de David, Su Padre. Y reinará en la casa de Jacob por los siglos, y Su reino no tendrá fin.»

Dijo María al ángel: «¿Cómo podrá ser esto, pues Yo no conozco varón?»

El ángel Le contestó y dijo: «El Espíritu Santo vendrá sobre Ti, y la virtud del Altísimo Te cubrirá con Su sombra, y por esto el Hijo engendrado será santo, será llamado Hijo de Dios.»

Dijo María: «He aquí a la Esclava del Señor; hágase en Mí según tu palabra.»

La Natividad de Nuestro Señor

Santo Evangelio según San Lucas 2, 1-21

En esos días, el emperador dictó una ley que ordenaba hacer un censo en todo el imperio. Este primer censo se hizo cuando Quirino era gobernador de Siria. E iban todos a inscribirse, cada uno en su ciudad.

José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y de la familia de David, para inscribirse, con María, su Esposa, que estaba encinta.

Estando allí se cumplieron los días de Su parto, y dio a luz a Su Hijo primogénito.

Le envolvió en pañales, y Le acostó en un pesebre, por no haber sitio para ellos en el mesón.

Había en la región unos pastores que moraban en el campo y estaban velando las vigilias de la noche sobre su rebaño. Se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió con su luz, y quedaron sobrecogidos de temor.

Díjoles el ángel: «No temáis, os anuncio una gran alegría que es para todo el pueblo: Os ha nacido hoy un Salvador, que es el Cristo Señor, en la ciudad de David. Esto tendréis por señal: encontraréis al Niño envuelto en pañales y reclinado en un pesebre.»

Al instante se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial, alabando a Dios, diciendo:
«Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.»

Así que los ángeles se fueron al cielo, se dijeron los pastores unos a otros:
«Vamos a Belén a ver esto que el Señor nos ha anunciado.»

Fueron con presteza y encontraron a María, a José y al Niño acostado en un pesebre, y viéndole, contaron lo que se les había dicho acerca del Niño. Y cuantos les oían se maravillaban de lo que decían los pastores.

María guardaba todo esto y lo meditaba en Su corazón.

Los pastores se volvieron alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían oído y visto, según se les había dicho.

Cuando se hubieron cumplido los ocho días para circuncidar al Niño, Le dieron por nombre Jesús, impuesto por el ángel antes de ser concebido en el seno de Su Madre.