A San José para obtener una profunda humildad

San José, el más privilegiado de los hombres, era también el más humilde de todos. Por eso Dios pudo elegirlo y hacer grandes cosas en su alma.

Fiel imitador de Jesús y María, humilde José, tú que eras tan pequeño a tus ojos y a la opinión de los hombres que eres grande ante Dios; enséñame a ser, como tú, pequeño y humilde de corazón. Desgraciadamente, ya lo sabéis, mis pecados, después de haberme hecho ingrato con mi Dios, me han llenado de nuevo de un orgullo insensato, que es la mayor herida de mi alma. Oh amable Santo, mi protector, mi patrono y mi Padre, te pido hoy una virtud que es el fundamento de toda la perfección cristiana. Obtenga para mí la humildad, la gracia de conocerme y despreciarme; obtenga para mí la gracia de buscar complacer a Dios solo en todas mis acciones. Que yo, como tú, ame el silencio y la vida oculta; que yo, como tú, sea olvidado y despreciado por las criaturas; que las humillaciones y la cruz de Jesucristo sean mi parte en este mundo, como han sido la tuya. Oh Jesús, María y José, de ahora en adelante quiero poner toda mi gloria y mis delicias en humillarme a su ejemplo. Amén.

Jesús mío, perdón y misericordia: por los méritos de Vuestras Santas Llagas y los sufrimientos de Vuestra Santísima Madre.