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Magníficat!

¡Para la preservación del Depósito de la FE!
¡Para que venga el Reino de Dios!

O mi Rosario, suave oración
A la Madre del Rey de los Cielos,
Entre mis dedos, pasa y repasa
No, nunca me canso
De rezar en tus cuentas piadosas.
O mi Rosario, suave oración
Suba, ligera, hacia los Cielos.

MEDITACIÓN DE LOS MISTERIOS DEL ROSARIO

por Padre Juan Gregorio de la Trinidad

Misterios Gozosos

Primer Misterio: La Anunciación del Arcángel Gabriel a la Santísima Virgen María

CONTEMPLEMOS al Arcángel Gabriel anunciando a María que será la Madre de Dios. María Se somete a la voluntad divina: ¡Fiat! Aquí está la Sierva del Señor; ¡que se Me haga según tu palabra! Fiat: es el resumen de toda la vida de la Santísima Virgen; Se sometió a la voluntad de Dios. Ella es nuestro modelo; nos ha trazado el camino perfecto, el camino infalible. Si somos Sus hijos devotos, si queremos hacerla feliz, debemos seguir Sus pasos.
La humildad de María es la escalera por la que Dios ha podido bajar hasta nosotros; esta humildad Le valió la gracia de convertirse en la Madre de Dios: ¡qué gran privilegio! Más tarde, una mujer que se asombra de las enseñanzas del Salvador gritará: Bendito el vientre que Te dio a luz, es decir: ¡Qué afortunada es Tu Madre! Pero Jesús rectifica inmediatamente: ¡Bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen! Nuestro divino Maestro quiso mostrarnos que lo primero que hizo grande a la Santísima Virgen fue Su amorosa sumisión a la menor voluntad divina.
Pidamos la gracia de estar, como la Virgen María, enteramente sometidos en las manos del buen Dios, de estar atentos a la voz de Dios que nos habla a través de Sus inspiraciones, de corresponderle fielmente cumpliendo Su santa voluntad. De esta manera, Jesús podrá encarnarse en nosotros como en Su Madre.

Segundo Misterio: La Visitación de María a Su prima Isabel

CONTEMPLEMOS a nuestra Madre en esta visita a Su prima Isabel. Admiremos el recogimiento de María durante este viaje de caridad. No había emprendido este viaje para satisfacer Su curiosidad, para divertirse, sino por pura caridad hacia Su prójimo. Pidamos Su caridad, Su celo por la salvación de las almas, Su espíritu sobrenatural y Su pureza de intención. Todas nuestras actividades deben hacerse para complacer sólo a Dios, en el espíritu de amor a Dios y al prójimo, sin buscar nuestra satisfacción personal.

Tercer Misterio: El Nacimiento de Jesús en el establo de Belén

CONTEMPLEMOS a Jesús en Belén. Nuestro Salvador, el Creador del cielo y de la tierra, viene al mundo en un establo; Su Madre Lo envuelve en pañales y Lo pone en un pesebre para animales. Nace en la más dura pobreza para enseñarnos el desprecio por los bienes terrenales, el amor por las cosas humildes, el amor por los pobres. Desde Su nacimiento hasta Su muerte en la cruz, nos dio un ejemplo tan elocuente de esto.
Pidamos el desapego de las cosas de la tierra, el amor a la pobreza, la indigencia. El hombre es orgulloso; ama todo lo que brilla. Los bienes de la tierra le atraen. Deseemos vivir, si es posible, en gran pobreza, en la necesidad misma, para asemejarnos a nuestro divino Maestro. Cuanto más nos separamos de las cosas terrenales, hermanos míos, más crecemos en el amor por las cosas divinas, y cuanto más nos aferramos a las cosas terrenales, más disminuye el amor de Dios en nosotros. Este es el gran secreto; todos los Santos han practicado el despojo de los bienes de este mundo.
Toda Su vida nuestro Señor vivió y predicó la pobreza y el desapego: <i>El Hijo del Hombre no tiene ni una piedra sobre la que apoyar Su cabeza. -El que no renuncia a todo, no puede ser Mi discípulo. -Benditos sean los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. -Si quieres ser perfecto, ve, vende todo lo que tienes, da el precio a los pobres, luego ven y sígueme.</i> Pidamos a nuestro buen Maestro que nos dé la gracia de apreciar la pobreza, de vivir esa pobreza que tanto Se ha esforzado en enseñarnos.

Cuarto Misterio: La Presentación de Jesús en el Templo

CONTEMPLEMOS Jesús llevado al Templo por Sus padres, ofreciéndose a Su Padre para la redención del mundo. Ofrezcámonos con Jesús para lograr todo lo que Dios quiera de nosotros. Digamos en unión con nuestro Redentor: Aquí estoy, Padre, para hacer Tu santa voluntad. Nuestra ofrenda personal no es de gran valor en sí misma, pero unida a la ofrenda de Jesús, adquiere un valor infinito. Pidámosle que nos ayude a hacer la entrega total de nosotros mismos, a través de la fuerza de Su gracia.
Este misterio también incluye la Purificación de María; el término no es exacto, ya que María la más pura no necesitaba purificación. Se sometió a esta ceremonia con un espíritu de humildad; ninguna mancha llegó a la Santísima Virgen. ¡Pidamos a nuestra Madre por esta pureza de alma, por la ausencia de todo lo que puede desagradar a Dios, que vivamos bajo la mirada divina! Pensemos siempre que Dios nos ve: <i>Camina en Mi presencia y serás perfecto;</i> es decir: piensa que Dios te ve, que conoce tus pensamientos, tus intenciones más secretas. Nada se Le escapa; ve todos los pliegues de tu alma.
Podemos engañar a los hombres; los hombres también pueden engañarse a sí mismos acerca de nosotros, pero Dios sopesa los pros y los contras. Pidamos a Nuestra Señora la pureza misma, la gracia de caminar recto ante Dios. Que nuestra única preocupación sea complacer a Dios, aunque todo el universo se uniera contra nosotros.

Quinto Misterio: La pérdida y el recobro de Jesús en el Templo

CONTEMPLEMOS a Jesús en medio de los maestros, Él, la Sabiduría infinita. Pidámosle que nos comunique un poco de Su Sabiduría, que nos dé Su Espíritu, que nos haga conocer Su pensamiento divino.
Durante tres días María y José han estado buscando a su pequeño Jesús; han estado llorando. ¡Cuanto estos santos personajes están sufriendo! A veces pensamos que porque queremos servir a Dios todo irá bien, que no tendremos nada que sufrir. ¡Pero no! La cruz, el sufrimiento, es la suerte de los elegidos. Dios se lo da a Sus amigos más queridos. Nuestro Señor no quiso librar a Su Santísima Madre de toda clase de penas, problemas y dificultades. La cruz es el precioso tesoro que Dios ha dado a la humanidad. Es con la cruz que Dios marca a Sus elegidos. Todos los Santos vivieron en un continuo sufrimiento, pero saborearon la alegría interior porque sufrieron por amor a Dios.
María y José encontraron a Jesús en el Templo después de tres días de amarga angustia. «¿Por qué hiciste esto? Tu padre y Yo Te buscábamos en toda clase de aflicciones». Jesús le responde a Su Madre de una manera bastante sorprendente: «¿No sabes que tengo que estar en los asuntos de Mi Padre?» Dios es lo primero, incluso antes que nuestros padres. Ningún mortal debe impedirnos obedecer a Dios. Esta es la gran lección que Jesús viene a enseñarnos a través de este misterio.
Pidamos la gracia de no perder nunca a Jesús, que es la fuente de todo bien, de toda felicidad. Aferrémonos a la amistad de Dios más que a cualquier otra cosa. Sólo Dios debe contar para nosotros; el resto no es nada. Si tenemos a Dios, tenemos la fuente de los bienes que nunca pasarán; quien tiene a Dios lo tiene todo.

¡Dios Te salve, Reina y Madre!

Dios Te salve, Reina y Madre de misericordia, Vida, Dulzura y Esperanza nuestra. Dios Te salve.

A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva. A Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.

¡Ea! Pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos Tus ojos misericordiosos y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de Tu vientre, ¡Oh Clemente! ¡Oh Piadosa! ¡Oh dulce Virgen María!

V. Rogad por nosotros, Santa Madre de Dios.

R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo. Amén.

V. Las almas de los fieles difuntos,

R. Por la misericordia de Dios, descansen en paz. Amén.

  1. Aux cantiques de la terre,
    Aux accents de Votre cour,
    Nous unissons bonne Mère,
    Les transports de notre amour.
    Rien ne borne Votre empire,
    À jamais régnez sur nous;
    Voici que la terre admire
    Les cieux courbés devant Vous.
  2. Reine, Dieu veut que les Anges,
    Dans les concerts éternels,
    Interrompent Ses louanges,
    Pour voler à Vos appels.
    Salut, ô tige féconde!
    Spectacle aux mortels ravis,
    Vierge qui donnez au monde
    Dieu devenu Votre Fils!
  3. Ô portique au jour sans ombre,
    Salut, Orient vermeil!
    Par Vous, sur la terre sombre
    A lui le divin Soleil!
    Honneur de notre nature,
    Vierge, réjouissez-Vous;
    Votre gloire est la plus pure,
    Et Votre nom, le plus doux.
  4. Gloire qui n’a pas d’égale!
    Salut, ô maternité,
    Dont la grâce virginale
    Efface toute beauté!
    Ô notre unique refuge!
    Salut, Reine au coeur aimant!
    Votre Fils est notre juge:
    Rendez-nous Jésus clément!

«El Rosario es un arma poderosa,
pero que sólo los humildes saben reconocer y utilizar.»

Padre Juan Gregorio de la Trinidad