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Lectura del Evangelio

Desierto de Jerico. – Del 6 de enero al 16 de febrero

CAP. III. – AYUNO Y TENTACIÓN DE JESÚS

(S. Mateo IV, 1-11; S. Marcos I, 12-13; S. Lucas IV, 1-13)

Jesús, lleno del Espíritu Santo, partió del Jordán y fue conducido por impulso del mismo Espíritu al desierto, para que fuese tentado por el diablo.    Mantúvose allí morando entre las fieras del desierto, cuarenta días y cuarenta noches, durante los cuales no comió nada, y al cabo de ellos tuvo hambre; por lo cual, acercándose el tentador Le dijo:

«Si Tú eres el Hijo de Dios, manda que esas piedras se conviertan en pan.»    Mas Jesús le respondió:

«Escrito está:    “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.”»

Entonces el diablo Le transportó a la ciudad santa de Jerusalén y Le puso en el pináculo del Templo diciéndole:    «Si eres el Hijo de Dios, échate de aquí abajo, pues escrito está:    “Dios te ha encomendado a Sus ángeles, los cuales te tomarán en sus manos para que tu pie no tropiece contra las piedras.”»

«También está escrito, replicó Jesús:    “No tentarás al Señor tu Dios.”»

Todavía el diablo Le subió a un monte elevadísimo, desde el cual Le mostró en un instante todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y díjole:

«Todo ese poder Te daré, toda la gloria de esos reinos, porque me han sido entregados y los distribuyó a quien me place.    Si Tú, pues, Te postras a mis pies adorándome, Tuyo será todo.»

«Atrás, Satán, exclamó Jesús, pues escrito está:    “Adorarás al Señor Dios tuyo y a Él solo servirás.”»    Agotado así el poder tentador del diablo, éste se retiró de Él hasta otro tiempo; y he aquí que los Ángeles se acercaron y Le servían.