Busqueda
Generic filters

Si no encuentra lo que busca,
puede enviar un correo electrónico:
apotres@magnificat.ca

Magníficat!

¡Para la preservación del Depósito de la Fe!
¡Para que venga el Reino de Dios!

Una historia para cada día...

Nuestra Señora del Purgatorio

Sufrimiento de las almas que han dado escándalo

Es ciertamente doloroso tener que sufrir el castigo de las propias faltas; pero es más doloroso ser castigado por las faltas de los demás. Cuántas almas hay en el purgatorio que están expiando iniquidades que no han cometido, pero de las que han sido culpables.

Un pintor, muy estimado por su talento y por la vida ejemplar que llevaba, había pintado varias imágenes de los santos, y su reputación hizo que el prior de un convento de carmelitas descalzas le pidiera que pintara un cuadro para esa casa. Apenas había completado la obra, por la que se le dio un alto precio, cuando cayó enfermo y reducido a todo extremo en ese mismo lugar. Suplicó al superior que fuera a verle y le pidió la gracia de ser enterrado en su iglesia si moría; a cambio de este favor, legó a la comunidad el precio de su obra, con la obligación, además, de celebrar varias misas en su favor. Todo se hizo según sus deseos.

Pocos días después de su muerte, un religioso permanecía en el coro después de los maitines, continuando su oración, cuando vio aparecer el alma del pintor, toda llorosa y debatiéndose en medio de las llamas: le rogaba que se apiadara de sus insoportables tormentos, que le hacían soportar una muerte continua.

Los religiosos le preguntaron cómo podía ser castigado de esa manera, él que había vivido con tanta fama de virtuoso. Él respondió: «Cuando hube entregado mi alma, fui presentado al tribunal del Juez Supremo, e inmediatamente oí el testimonio contra mí de varias personas a las que una pintura inmodesta había llevado a malos pensamientos y deseos, lo que les había hecho ser condenados al Purgatorio; Otros, lo que era mucho peor, gemían en el infierno en tormentos eternos, por la misma causa; declaraban que yo era digno al menos de los mismos castigos, por haberles proporcionado la piedra de escándalo a la que habían roto. Entonces las almas de varios santos vinieron también del cielo y me defendieron, explicando que este cuadro era una obra de juventud que desde entonces había sido expiada por la penitencia y por un montón de otras obras para gloria de la virtud y de los amigos de Dios, y que había resultado en una gran edificación para muchos. Estas almas eran las de los santos a los que había honrado, y me pidieron perdón, añadiendo que había utilizado en limosnas una buena parte del dinero que ganaba, y que lo último lo había dejado a una comunidad santa. Finalmente, rogaron al Señor que tomara de sus méritos para añadirlos a los míos. El Juez Soberano, conmovido por su plegaria, quiso concederla; me eximió del castigo eterno; pero mi sentencia es que seré atormentado en las llamas expiatorias hasta que el cuadro maldito sea quemado, reducido a cenizas, para no escandalizar más a nadie. Por lo tanto, os ruego, buen religioso, que vayáis en mi nombre a tal o cual persona, a cuya insistencia compuse este desafortunado cuadro, para decirle en qué estado me encuentro, y que me conceda la gracia de que desaparezca este instrumento de pecado. No soy sólo yo quien lo desea, es el Dios que nos creó a ambos. Si se niega, ¡ay de él! En la fe de que realmente me he aparecido a ti y de que todo esto no es una ilusión, dile, Padre, que antes de mucho tiempo perderá a dos de sus hijos, y que, si rechaza el pequeño sacrificio que le pido, no tardará en pagarlo él mismo con una muerte prematura.»

Al oír estas cosas, el poseedor del cuadro lo cogió al instante y lo arrojó con sus propias manos al fuego. En menos de un mes vio perecer a dos de sus hijos pequeños, según la predicción. Aunque su obediencia le protegió de la segunda amenaza, se esforzó por cumplir una justa penitencia por la falta que había cometido tanto al ordenar como al conservar y exponer el cuadro. En cambio, mandó hacer bellas y piadosas imágenes, en las que estaban grabados los retratos de los santos que mejor podían fomentar la virtud y a los que deseaba tener como protectores en el cielo.

Otras historias...