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Novena a Nuestra Señora de La Salette

Nuestra Senora de La Salette

Día 1 – 10 de septiembre

Reflexiones sobre algunas circunstancias de la Aparición

La Santísima Virgen en La Salette eligió a los niños como confidentes de Su mensaje celestial, para imitar los sabios caminos de Dios, que deja a los soberbios en la oscuridad, que Se comunica a los humildes, que Se sirve de instrumentos débiles para manifestar mejor Su poder, para probar nuestra fe y para aumentar el mérito de nuestra obediencia. María Se muestra a los pastores para honrar la vida modesta y sencilla de los campos, tan despreciada hoy. Aparece en una montaña para decirnos que el camino para encontrarla es acercarse al cielo, renunciando a los intereses viles y a los ruidos vanos de la tierra. Elige la víspera de la Fiesta de los Siete Dolores, porque es un dolor que viene a anunciar. (Nota: la Iglesia celebraba esta fiesta el domingo siguiente al 15 de septiembre). Finalmente, Ella Se aparece en un manantial seco para enseñarnos que la causa de Su aflicción es ver cómo se seca la fuente de la gracia en nuestras almas, y que si queremos acoger Su Corazón como refugio, aún podemos encontrar nuestra primera vida.

ORACIÓN

Oh Virgen, en la que Dios hizo cosas tan grandes a causa de Vuestros abajamientos, alcanzadme la gracia de hacerme pequeño a mis ojos, para que pueda participar de Vuestros inefables secretos. Quiero establecer mi alma en una paz y desprendimiento que Os permita mostrarme siempre la voluntad de Dios para mí. Haced que mi corazón, hasta ahora seco por el fuego de las pasiones, sacie su sed sólo en las fuentes puras de la virtud y de los sacramentos.

Día 2 – 11 de septiembre

Los llantos de María

Todo respira dolor, todo llora en la aparición de María a los pastorcitos. Primero esconde la cara entre las manos, luego derrama lágrimas sensibles. Lleva la insignia de la Pasión, cada una de Sus palabras es un lamento, y finalmente deja un manantial como emblema inagotable de Su llanto.

No permanezcamos ajenos a las lágrimas de las que todos somos autores. Es cruel hacer llorar a la propia madre; pero es más cruel ser insensible a sus lágrimas. Veamos de qué manera y por cuánto tiempo hacemos llorar a María, y prometamos aquí consolarla de ahora en adelante.

ORACIÓN

Oh, Madre afligida, si hubiera visto fluir Vuestras lágrimas, las habría recogido como perlas preciosas. Bendita sea la tierra que los ha bebido, ¡cómo no besarla con amor! Pero, ingrato como soy, fluyen cada día sobre mis pecados, estas benditas lágrimas, y, más duro que una roca, no añado las mías. Obtén para mí, buena Madre, por el mérito de Vuestros dolores, la gracia de no renovarlo, y que mi corazón, fecundado por Vuestras lágrimas, produzca frutos de penitencia y salvación.

Día 3 – 12 de septiembre

La primera queja de María
EL BLASFEMA

María Se queja de que el nombre de Su divino Hijo es profanado. Cómo podría ser insensible a esto, que mide la majestuosidad de Dios blasfemado, la nada del blasfemo y el tesoro de ira que este crimen acumula sobre las sociedades.

Examinemos si alguna vez nos hemos olvidado de nosotros mismos hasta el punto de blasfemar, ya sea murmurando contra la Providencia o profanando el más sagrado de los nombres. ¿Nunca hemos dado lugar a ninguna blasfemia? ¿Hemos entendido siempre que la blasfemia es un sacrilegio, una impiedad, una ingratitud, una insensatez, una lacra social, un pecado diabólico y el más grave de los crímenes?

ORACIÓN

Oh, Madre del temor de Dios, Os desagravio por todas las blasfemias que, ultrajando a Vuestro querido Hijo, han llenado de amargura Vuestro Corazón. Devolved a Dios, con Vuestras alabanzas, todo el honor que este crimen le haya quitado. A Vuestros pies me declaro enemigo implacable de la blasfemia. Evitaré todo lo que pueda llevar a los que me rodean a ello. Lo castigaré severamente en aquellos que están subordinados a mí. Trabajaré por todos los medios para extirparla de mi patria, sobre la que ya ha traído demasiadas maldiciones.

Día 4 – 13 de septiembre

La segunda queja de María
LA PROFANACIÓN DEL DOMINGO

Dios nos da seis días para trabajar y reserva el séptimo para Su adoración. ¿Es demasiado exigente, Aquel a quien pertenece todo el tiempo, que no nos debe ni una hora? ¡Qué ingrato, qué fatalmente descuidado, negarle Su día, violarlo con un trabajo tacaño, perderlo alejándonos de los servicios sagrados, profanarlo con diversiones pecaminosas o peligrosas! De este modo, la fe se extingue, la humanidad se degrada como una bestia de carga, la sociedad se ve abocada a todo tipo de desgracias.

Si aún amamos a Dios y a nuestra patria, detengamos la ira del cielo formando una santa cruzada, bajo la bandera de María, para la restauración del Día del Señor.

ORACIÓN

Oh Protectora de la Cristiandad, devuélvele los tiempos felices en que el domingo era dignamente santificado. Lamento que hasta ahora haya sido demasiado insensible al descuido de este día sagrado. A partir de ahora quiero hacer todo lo posible para que sea respetado por los que me rodean y para gastarlo yo mismo en la oración, la buena lectura y las obras santas.

Quinta jornada – 14 de septiembre

La tercera queja de María
LA VIOLACIÓN DE LOS DÍAS DE ABSTINENCIA

La Santa Iglesia, conociendo tanto la necesidad como el horror que tenemos a la penitencia, nos exhorta a practicarla privándonos de ciertos caprichos todos los viernes, toda la Cuaresma, el Adviento, los días de las Cuatro Estaciones, etc. La misma Virgen María ha reiterado en todas partes Sus llamamientos a la “Oración y Penitencia”. En La Salette, nuestra buena Madre dijo llorando: “Los viernes se corre a la carnicería como los perros…” ¿Quién podría contar las desobediencias a este deseo de nuestra Madre, cometidas por indiferencia, desprecio a las llamadas divinas, respeto humano o ciega mezquindad?

Dios, que Se considera despreciado en la persona de la Iglesia, Su Esposa, nos amenaza por boca de Su Madre con retirarnos Su protección y tratarnos como paganos.

Examinemos si observamos y hacemos cumplir la práctica de la penitencia entre nosotros, y hagamos todas las reformas sobre este punto que sean compatibles con las necesidades reales.

ORACIÓN

Oh Reina de la Iglesia, no podéis ser insensible a una violación tan generalizada de sus sabias leyes. Obtén para mí la valentía de ser siempre fiel católico y de cerrar el oído a las excesivas delicadezas de mi carne. He pecado mucho, así que tengo gran necesidad de penitencia. Quiero, al menos, aceptar la que no hubiera tenido la generosidad de infligirme, y abrazar con amor las pequeñas cruces que la Providencia me envía para mi salvación.

Día 6 – 15 de septiembre

La cuarta queja de María
LA INDIFERENCIA E INGRATITUD DE LOS HOMBRES HACIA ELLA.

La Virgen en La Salette no sólo nos reprocha las faltas contra Dios, sino que deplora el abuso que hacemos de Sus propios beneficios: “He sufrido durante mucho tiempo por vosotros, que no lo tenéis en cuenta… Nunca podrán pagar las molestias que Me he tomado por ustedes”. Si supiéramos, en efecto, todo el amor que nos tiene, todos los favores que nos obtiene, todas las desgracias que nos quita mientras no pensamos en ello. ¡Cuántas veces nos habría golpeado la justicia divina, si María no hubiera interpuesto Su Corazón maternal!

No endurezcamos más nuestro corazón, pues la protección de María puede ser objeto tanto de nuestra más dulce esperanza como de nuestra más severa condena.

ORACIÓN

Oh Madre de la Misericordia, hasta ahora no he sido capaz de reconocer Vuestra asistencia. Sin Vosotros, lo reconozco, el infierno habría sido mi hogar durante mucho tiempo. No quiero ser más sordo a Vuestro llamamiento, ya es suficiente para cansar Vuestra paciencia e irritar la justicia de Vuestro Hijo. Quiero ser desde ahora el más fiel y agradecido de Vuestros siervos.

Séptima jornada – 16 de septiembre

Las amenazas de María en La Salette

Las amenazas de una madre son la prueba más fuerte de su amor, porque son el último recurso y el esfuerzo supremo de su corazón. María amenaza como una madre, derramando lágrimas; pero al mostrarnos las desgracias que no pudo evitar nuestro endurecimiento, abre la puerta por la que aún sería posible escapar: “Si Mi pueblo NO QUIERE someterse, Me veo obligada a soltar la mano de Mi Hijo.”

Muchas de las amenazas de María se cumplieron en el primer año después de la Aparición: la enfermedad de la uva, la de la patata, el cólera, etc. Todas estas amenazas eran una advertencia: la Virgen María esperaba que nuestra conversión aplacara la ira de Dios. ¡Ay! La humanidad ha hecho oídos sordos, y un torrente de pecado inunda la tierra y extiende una multitud de desgracias. Hemos llegado al día de la gran venganza. Con Dios, nunca es demasiado tarde. Si nos convertimos, obtendremos misericordia y perdón. Dios nos lo ha prometido por boca de Su Santísima Madre.

ORACIÓN

Oh Madre del Divino Temor, imprimid en lo más profundo de mi corazón un saludable temor a los juicios de Vuestro Hijo. Hazme comprender que el miedo es el principio de la verdadera sabiduría. Que Vuestras amenazas maternas sean saludables para mí. Qué terrible desgracia si me condenara a teneros como enemiga, Vos mi único refugio y la más preciosa prenda de mi salvación.

Octava jornada – 17 de septiembre

Promesas de la Santísima Virgen

“Si se convierten –dijo María a los pastorcillos–, las piedras y las rocas se convertirán en trigo; las patatas se sembrarán por sí solas.” La bondad de Dios y de Su dulce Madre desciende hasta nuestras debilidades. Al vernos tan insensibles a los deseos de los bienes invisibles y eternos, intentan ganarnos para el deber con el señuelo de las recompensas materiales. Sobre todo, quieren que comprendamos de una vez que el único remedio para todos los males que agobian a la humanidad es la conversión de nuestros corazones. Cuando las almas pidan perdón a Dios, se apliquen a amarlo y a servirlo observando Sus mandamientos, Dios intervendrá inmediatamente y salvará a la humanidad por un milagro tan grande como Su Amor. Elevemos nuestras esperanzas y deseos sólo a Dios, y que nuestra poderosa Madre, Reconciliadora de los pecadores, nos obtenga una sincera contrición por nuestros pecados y la generosidad de hacer penitencia y enmendarlos.

ORACIÓN

¡Oh, Madre de la santa esperanza! Vos conocés bien nuestra debilidad, y conocés bien el camino de nuestro corazón. Hacednos dignos de las promesas que nos hacéis. Dadnos la suficiente generosidad para ayudar a nuestros hermanos sacrificándonos por su salvación, pero sobre todo, haced que nuestros corazones deseen los tesoros del cielo.

Día 9 – 18 de septiembre

“Transmite esto a todo Mi pueblo”.

Esta fue la recomendación que María repitió varias veces a los pastorcillos, después de Su discurso. Nos dice lo suficiente que Su visita estaba dirigida a todos nosotros. Esta misión del apóstol de La Salette nos pertenece también a todos nosotros. María nos repite: Transmite esto a Mi pueblo. Aprendamos todos de este gran acontecimiento. Hagámonos capaces de comunicar nuestras convicciones a nuestros hermanos y hermanas, de disipar las nubes de sus mentes, de combatir las objeciones interesadas de los impíos. Difundamos con todas nuestras fuerzas la devoción a La Salette, para que las aguas curativas de esta fuente de misericordia, representada por el manantial milagroso de la Montaña, se derramen en torrentes de conversiones sobre toda la humanidad.

ORACIÓN

Nuestra Señora de La Salette, que nos habéis visitado, por la inconmensurable extensión de Vuestra misericordia, no permitáis que los multiplicados intentos de Vuestro amor sean vanos por el espíritu de las tinieblas.

Multiplicad Vuestras maravillas de misericordia y por ellas el número de creyentes, y llevadnos al cumplimiento de Vuestros deseos. Amén.

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