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Liturgia para los domingos y las fiestas principales

20º domingo después de Pentecostés – Jesús cura al hijo del oficial real

Reflexión sobre la liturgia del día – de LAnnée Liturgique, de Dom Prosper Guéranger

Introito

Todo lo que has hecho con nosotros, Señor, lo has hecho con justo juicio: porque hemos pecado contra Ti y no hemos obedecido Tus mandatos: pero da gloria a Tu nombre y haz con nosotros según Tu gran misericordia. – Salmo: Bienaventurados los puros en su camino: los que andan en la ley del Señor. Gloria al Padre, etc.

Reflexión

El perdón divino, que devuelve al alma la pureza y la paz, es como el preliminar indispensable de las bodas sagradas; la veste nupcial de los convidados debe estar sin mancha so pena de ser excluído, y su corazón sin inquietudes, para no llegarse a la mesa del Esposo con tristeza. Imploremos este perdón inestimable, que el Señor nos concederá de buen grado pidiéndoselo por intercesión de Su Esposa la Santa Madre Iglesia.

Colecta

Suplicámoste, Señor, concedas benigno a Tus fieles el perdón y la paz: para que se purifiquen de todos sus pecados y, a la vez, Te sirvan con un corazón tranquilo. Por Nuestro Señor Jesucristo.

Epístola

Lección de la Epístola del Apóstol San Pablo a los Efesios (V, 15-21).

Hermanos: Cuidaos de caminar cautamente: no como necios, sino como sabios, redimiendo el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis imprudentes, sino inteligentes, averiguando cuál sea la voluntad de Dios. Y no os embriaguéis con vino, en el cuál está la lujuria: sino henchios del Espíritu Santo, hablando entre vosotros con salmos e himnos y cánticos espirituales, cantando y salmodiando al Señor en vuestros corazones: dando siempre gracias por todo, en el nombre de Nuestro Señor Jesucristo, a Dios Padre. Sumisos los unos a los otros en el temor de Cristo.

Reflexión sobre la Epístola

El acercarse la consumación de las bodas del Hijo de Dios coincidirá aquí en la tierra con un aumento de la furia del infierno para perder a la Esposa. El dragón del Apocalipsis desencadenará todas las pasiones para arrastrar en su empuje a la verdadera madre de los vivientes. Pero será impotente para mancillar el pacto de la alianza eterna y, sin fuerzas ya contra la Iglesia, dirigirá sus iras contra los últimos hijos de la nueva Eva, a quienes está reservado el honor peligroso de las luchas supremas descritas por el profeta de Patmos (San Juan Apóstol).

Integridad de la doctrina. — Entonces sobre todo, los cristianos fieles deberán recordar los consejos del Apóstol y portarse con la circunspección que nos recomienda, poniendo sumo cuidado en conservar pura su inteligencia no menos que su voluntad, en estos días malos. Porque para entonces, la luz no sólo tendrá que resistir los asaltos de los hijos de las tinieblas, que hacen ostentación de sus doctrinas perversas, sino que tal vez se amortigüe y adultere por culpa de las flaquezas de los hijos de la luz en el terreno de los principios, por las tergiversaciones, transacciones y humana prudencia de los que se tienen por sabios. Muchos parecerá que ignoran prácticamente que la Esposa del Hombre-Dios no puede sucumbir al choque de fuerza alguna creada. Que recuerden que Cristo Se comprometió a defender a Su Iglesia hasta el fin del mundo.

Contra la bestia de boca insolente y llena de blasfemias, los verdaderos siervos de Dios se apropiarán el grito de Miguel frente a Satanás, impulsor de la bestia: ¿Quién como Dios?

Gradual

Los ojos de todos están fijos en Ti, Señor: y Tú das a todos el sustento en tiempo oportuno. Abres Tu mano y llenas de bendición a todo viviente. Aleluya, aleluya. Preparado está mi corazón, oh Dios, preparado está mi corazón: Te cantaré y entonaré salmos a Ti, gloria mía. Aleluya.

Evangelio

Continuación del santo Evangelio, según San Juan (IV, 46-53).

En aquel tiempo había un régulo cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaúm. Cuando supo que Jesús venía de Judea a Galilea, fué a él y Le rogó que bajase, y curase a su hijo, que comenzaba a morirse. Díjole entonces Jesús: Si no viereis milagros y prodigios, no creéis. Díjole el régulo: Señor, baja antes de que muera mi hijo. Díjole Jesús: Vete, tu hijo vive. Creyó el hombre lo que le dijo Jesús, y se fue. Cuando ya bajaba, le salieron al encuentro los siervos y le dijeron que su hijo vivía. El les preguntó la hora en que había mejorado. Y le dijeron: Ayer, a las siete, le dejó la fiebre. Y vió el padre que era la misma hora en que le había dicho Jesús: Tu hijo vive: y creyó él y toda su casa.