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¡Para la preservación del Depósito de la Fe!
¡Para que venga el Reino de Dios!

Una historia para cada día...

Sagrada Familia

Dios da la gracia de la fe a los que la piden con la oración.

El conde Federico de Stolberg, cuyo padre fue gran mariscal en la corte de la reina de Dinamarca, nació en Holstein en 1760. Desde su juventud tuvo un gran amor por la verdad, y esta nobleza de alma le valió la amistad y la estima de hombres famosos, como Klopstock, Herder y Gœthe. Más tarde ocupó cargos muy importantes; fue embajador en Copenhague y gobernador de Oldenburg. Pero cuanto más estudiaba su religión, más se convencía de que el protestantismo no podía ser la verdadera religión, porque el principio del libre examen le quitaba toda base de certeza. Durante siete años rezó fervientemente a Dios para que le ayudara a encontrar la verdadera religión. Un día, en un viaje, pasó por un pueblo donde, por casualidad, los niños tomaban la primera comunión. Antes de la comunión el sacerdote dio una charla a los niños sobre la felicidad de ser católico, porque se tiene la certeza de poseer la verdad. Este discurso fue decisivo para el conde de Stolberg; inmediatamente resolvió convertirse al catolicismo, y el día de Pentecostés de 1800, él y su esposa abjuraron a manos del famoso Overberg, lo que le hizo perder su puesto con un salario de 6000 ecus. El noble conde publicó desde entonces muchos escritos, entre otros, una gran historia de la Iglesia y un libro sobre el amor a Dios. Murió el 5 de diciembre de 1819, diciendo: ¡Alabado sea Jesucristo!

Qué apropiado es que la conducta de este hombre, que sacrifica una posición importante por el amor a la verdad, avergüence a los cobardes que por intereses temporales, por ejemplo, por un matrimonio rico, traicionan su religión.

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