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Una historia para cada día...

Sagrada Familia

La luciérnaga y el calendario.

A una pobre viuda le pidieron una gran suma de dinero que su marido ya había devuelto. En vano buscó la agenda en la que su difunto marido había guardado los recibos. Una noche se encontró en la peor de las angustias, porque al día siguiente la iban a demandar. Era julio. Estaba rezando con sus hijos y, de repente, una luciérnaga, que había entrado por la ventana abierta, atrajo la atención del más pequeño. Quiso atrapar al hermoso insecto, pero éste se refugió detrás de un armario. Para satisfacer al niño, la madre movió un poco el armario y –oh maravilla– el calendario que faltaba cayó al suelo.

A Dios Le gusta glorificarse en las criaturas débiles y pequeñas.

El muro de nieve.

Durante la guerra de 1870 los soldados enemigos se acercaban a la ciudad de Orleans. Los habitantes de una granja aislada, situada en las proximidades de una de las puertas de la ciudad, se vieron embargados por el miedo, pues el cielo estaba todo rojo por el resplandor de los incendios. Y entonces llegó el invierno. Un viento helado hizo que el frío fuera aún más intenso. Los habitantes de la granja temían que el enemigo los sorprendiera y los matara o los expulsara de sus casas. Así que rezaron toda la noche, especialmente la abuela. Había cogido un libro de oraciones y estaba repitiendo «las oraciones en tiempos de guerra». Cada vez se detenía en las palabras: «Señor, por favor, construye un muro delante de nosotros, para que estemos a salvo del enemigo.» El granjero creía que la abuela estaba pidiendo a Dios lo imposible. Pero por la mañana, cuál fue su sorpresa cuando vio que en el lado de la carretera por donde iba a pasar el enemigo, se había acumulado un montón de nieve, tan alto como un muro, delante de la casa. Los soldados enemigos pasaron de largo sin preocupar al campesino y a su familia, y todos admiraron la sabiduría de Dios, que sabe utilizar todas las cosas para salvar a los que imploran Su ayuda.

Los dos anillos.

Un gobernante tenía una estatua de un ángel hecha de mármol blanco. El ángel llevaba un cordón de seda en la mano izquierda, con un anillo de plata, y en la derecha una cadena con diamantes con un anillo de oro. El príncipe heredero y la princesa querían saber qué significaban los anillos. Entregaré los anillos –dijo el rey– a quien adivine su significado. – Estos anillos –respondió el príncipe– simbolizan ciertamente la amistad y el amor –es cierto, replicó el rey–, pero ¿por qué uno de ellos es de plata y el otro de oro? – El anillo de plata –dijo la princesa– representa la amistad y el amor de los hombres. Esta amistad no es muy fuerte, está de alguna manera atada a un hilo, que se rompe fácilmente. El anillo de oro significa el amor de Dios por nosotros, que es fuerte e indestructible». El gobernante alabó su sabiduría y dio el anillo de plata al príncipe y el de oro a la princesa.

No olvidemos nunca que Dios creó nuestros corazones para amarlo. Por eso, nada en la tierra puede hacerle perfectamente feliz.

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