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Notre Dame du Laus

Placer que se brinda a María al rezar el Ave María

Así, María concede un valor especial a la recitación de la Salutación Angélica, y Se complace infinitamente en oírla dirigida a Ella. Esto es lo que Ella le reveló a Santa Matilde cuando le dijo que de todos los homenajes que se Le pueden rendir, no hay ninguno que Le agrade más, ni que Le cause mayor alegría que la repetición de esta oración, y que estas palabras: Sancta Maria, Mater Dei, ora pro nobis peccatoribus, Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, etc.; que estas palabras Le recuerdan Su obligación de compadecerse de los pobres pecadores, de amarlos y de rezar por ellos, porque han sido la causa de Su felicidad. Estas palabras le recuerdan su obligación de compadecerse de los pobres pecadores, de amarlos y de rezar por ellos, porque han sido la causa de su felicidad. Porque –añadió– no habría encontrado la gracia si ellos no la hubieran perdido; no habría sido la Madre de su Salvador si no hubiera sido necesario salvarlos; finalmente, no habría recibido esta superabundancia de gracias si no hubiera sido necesario ser la Madre de la misericordia y el refugio de los pobres pecadores.

El rezo del Ave María no sólo alegra a María, sino también a los ángeles y a los santos del cielo. El Beato Alain afirma que las palabras de esta oración hacen que todo el cielo tiemble de felicidad y alegría. Los propios ángeles encuentran una alegría especial en ofrecer a María millones y millones de veces cada día el Ave María, que es el saludo propio de estos espíritus benditos. Puesto que esta admirable oración regocija tan deliciosamente a todo el paraíso, y es también una fuente de gracias para el alma fiel, es una fuente de terror para los demonios, que huyen tan pronto como la oyen pronunciar. Cuando el Ave María fue traída desde el cielo por un ángel, la tierra saltó de alegría y dio muestras de su gozo ante la proximidad de su libertad. Pero, como si todo el infierno y los demonios hubieran presentido ya la formidable presencia del Todopoderoso que iba a arruinar su imperio, temblaron de terror y se espantaron ante la pronunciación del Ave María que, desde aquel bendito tiempo, ha tenido siempre un maravilloso poder para doblegar todos sus esfuerzos. Por lo tanto, ya no hay razón para sorprenderse si los impíos que están en el partido de estos espíritus malditos siguen sus sentimientos y tienen una gran oposición a todo lo que toca el misterio de la Encarnación, si sólo hablan con desprecio del rosario y de la devoción a la Santísima Virgen. Por otra parte, la experiencia demuestra que quienes tienen grandes signos de predestinación aman, disfrutan y recitan el Ave María con gusto. Y cuanto más son a Dios, más aman esta oración. No tengo mejor secreto –dijo San Luis María de Montfort– para saber si una persona es de Dios, que examinar si le gusta rezar el Ave María o el Rosario.

Estemos contentos y orgullosos de volver a decirlo después del Ángel, después de los Apóstoles, después de los Mártires y de todos los siglos cristianos. Que sea dulce par los labios, y aún más dulce para el corazón, este Ave María, que nos llega toda perfumada, como un cántico del cielo, repetido con tantos ecos por las almas santas en la tierra.

Saludar a una reina es un favor raro y envidiado aquí en la tierra: pues bien, todos los días, a cualquier hora, el pobre anciano, la humilde mujer, el pequeño niño pueden venir a saludar a la Reina del cielo y de la tierra, Aquella que lleva en Sus manos todos los tesoros de Dios, seguros de ser siempre bien recibidos, seguros de que Ella responderá a cada uno de sus homenajes con un beneficio…

Pero, ¿se atreverá a venir el culpable? Oh, sí, que venga él también, que La salude con humilde confianza. Su voz no La ofenderá, y si le pone el acento del dolor, si su Ave María es un grito de arrepentimiento, su oración será todopoderosa. Su oración no descenderá sin traer misericordia y perdón. Tantos prodigios lo han demostrado: el Ave María es también la oración de los pecadores, y quizás su única oración. Entre ellos hay algunos, por desgracia, que han olvidado o, al menos, han descuidado la recitación de sus otras oraciones, pero todavía saben recitar el Ave María. En medio del naufragio de otras prácticas religiosas, el Ave María se destaca para ellos como un salvavidas… ¡Cuántos pobres náufragos han sido devueltos a puerto por esta preciosa tabla!

Ave María: ¡Ave María!… Una palabra dulce y hermosa que el Cielo envió a la tierra y que la tierra, a su vez, envía con frecuencia al Cielo.

El Ave María es la oración de todos: si un niño empieza a tartamudear, se le verá, de rodillas y con las manos cruzadas, rezando su Ave María… Si el anciano está tan agotado por la edad, los achaques y la enfermedad que ya no puede recitar otras oraciones, todavía tendrá la fuerza y el consuelo de rezar el Ave María. El Ave María es la oración favorita de las almas piadosas. Cada día y varias veces al día, esta oración se escapa de sus corazones como una llama brillante, y se eleva como incienso puro al trono de María.

(Padre Huguet)

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