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Una historia para cada día...

Corazon Eucaristico de Jesus

Una multa pagada con buena voluntad.

Es bien conocido que en Inglaterra han existido durante mucho tiempo leyes injustas destinadas a impedir la realización de ceremonias religiosas. Ahora bien, un día sucedió que un católico devoto, que gozaba de una gran fortuna, fue condenado a pagar quinientas piezas de oro, porque se había atrevido a asistir a misa. El católico buscó las mejores monedas de oro portuguesas que pudo encontrar, con la impresión de una cruz, y presentó la suma completa a la corte. Mientras las contaba delante del empleado protestante, éste sonrió y le preguntó, lleno de asombro, por qué utilizaba unas monedas tan bonitas para pagar su multa. A esta pregunta hecha en tono irónico, el católico se contentó con responder: «Creería pecar si pagara con una moneda más común y corriente, la gracia que se me ha concedido de poder adorar a mi Salvador y a mi Dios en el santo Sacramento del altar. Sabed también, Señor, que entre la cruz, cuya imagen veis impresa en esta moneda, y el Santísimo Sacramento del Altar, hay varios rasgos de analogía, pues ambos son monumentos del infinito amor de nuestro Salvador.»

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