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Una historia para cada día...

Nuestra Señora de la Asunción

Confianza del Beato Salmerón.

Alfonso Salmerón tuvo una devoción filial a María durante toda su vida. A Ella recurrió en todas sus dificultades, y a Ella también, sin duda, debió la gran iluminación que le hizo ser admirado por los Padres del Concilio de Trento. Su humildad le hizo rechazar las primeras dignidades de la Iglesia y, también en este aspecto, se mostró como hijo de la Virgen más humilde. ¡Había dicho a menudo que María estaba presente en la muerte de Sus siervos, como lo estuvo en el último suspiro de Jesús; él merecía verla en su lecho de muerte, y murió gritando: «¡En el Paraíso! en el Paraíso! Bendito sea el tiempo que Te serví, oh María! Bendita sea la predicación, el trabajo, todo lo que hice y sufrí por Ti, oh mi Reina! …. En el Paraíso».

¡Oh, qué dulce es morir cuando uno ha amado a María desde su más tierna infancia! Vive de tal manera que en tu última hora tengas esa misma experiencia bendita.

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