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Nuestra Señora de la Asunción

El recurso de la Señora Rivier a la Santísima Virgen María.

La Venerable Ana María Rivier, fundadora de la Congregación de las Hermanas de la Presentación de María, era todavía una niña pequeña cuando ya le gustaba pasar horas enteras a los pies de su Patrona. Le habló con la ingenua confianza de una niña que habla con su madre. Esta devoción no hizo más que crecer en ella a medida que envejecía, y estallaba a veces en vivas aspiraciones, en arrebatos del corazón: «¡Virgen Santísima, ayúdame! rápido, Madre, rápido!» a veces en prolongados discursos: «Virgen Santísima –le decía–, necesitamos tal o cual cosa. ¿Me negarás lo que Te pido? Sabes muy bien que es por Tu divino Hijo y por Ti.» Su recurso habitual en sus problemas era enviar a sus huérfanos o a sus Hermanas a rezar el rosario ante la estatua de la Santísima Virgen. Ella misma ponía sus peticiones en Su altar con una sencillez conmovedora; repetía a menudo a su Congregación que María era su Fundadora, su Madre, la primera Superiora, y su deseo más ardiente era que su comunidad fuera la Compañía de María. Y puede decirse que toda la vida de esta admirable mujer fue una reciprocidad de oraciones y gracias, de confianza y de favor entre ella y su santa Madre.

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