Para la preservación del Depósito de la Fe.

¡Para que llegue el Reino de Dios!

MAGNIFICAT

La Orden del Magníficat de la Madre de Dios tiene la siguiente finalidad especial la preservación del Depósito de la Fe a través de la educación religiosa en todas sus formas. Dios la ha establecido como «baluarte contra la apostasía casi general» que ha invadido la cristiandad y en particular la Iglesia romana.

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Una historia para cada día...

Nuestra Señora de la Asunción

El recurso de la Señora Rivier a la Santísima Virgen María.

La Venerable Ana María Rivier, fundadora de la Congregación de las Hermanas de la Presentación de María, era todavía una niña pequeña cuando ya le gustaba pasar horas enteras a los pies de su Patrona. Le habló con la ingenua confianza de una niña que habla con su madre. Esta devoción no hizo más que crecer en ella a medida que envejecía, y estallaba a veces en vivas aspiraciones, en arrebatos del corazón: «¡Virgen Santísima, ayúdame! rápido, Madre, rápido!» a veces en prolongados discursos: «Virgen Santísima –le decía–, necesitamos tal o cual cosa. ¿Me negarás lo que Te pido? Sabes muy bien que es por Tu divino Hijo y por Ti.» Su recurso habitual en sus problemas era enviar a sus huérfanos o a sus Hermanas a rezar el rosario ante la estatua de la Santísima Virgen. Ella misma ponía sus peticiones en Su altar con una sencillez conmovedora; repetía a menudo a su Congregación que María era su Fundadora, su Madre, la primera Superiora, y su deseo más ardiente era que su comunidad fuera la Compañía de María. Y puede decirse que toda la vida de esta admirable mujer fue una reciprocidad de oraciones y gracias, de confianza y de favor entre ella y su santa Madre.

Otras historias...

Señal de la Cruz

En el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo y de la Madre de Dios. Amén.

Oración preparatoria

¡Oh Jesús! Vamos a caminar con Vos por el camino del calvario que fue tan doloroso para Vos. Háganos comprender la grandeza de Vuestros sufrimientos, toque nuestros corazones con tierna compasión al ver Vuestros tormentos, para aumentar en nosotros el arrepentimiento de nuestras faltas y el amor que deseamos tener por Vos.
Dígnaos aplicarnos a todos los infinitos méritos de Vuestra Pasión, y en memoria de Vuestras penas, tened misericordia de las almas del Purgatorio, especialmente de las más abandonadas.

Oh Divina María, Vos nos enseñasteis primero a hacer el Vía Crucis, obtenednos la gracia de seguir a Jesús con los sentimientos de Vuestro Corazón mientras Lo acompañabais en el camino del Calvario. Concédenos que podamos llorar con Vos, y que amemos a Vuestro divino Hijo como Vos. Pedimos esto en nombre de Su adorable Corazón. Amén.