Para la preservación del Depósito de la Fe.

¡Para que llegue el Reino de Dios!

MAGNIFICAT

La Orden del Magníficat de la Madre de Dios tiene la siguiente finalidad especial la preservación del Depósito de la Fe a través de la educación religiosa en todas sus formas. Dios la ha establecido como «baluarte contra la apostasía casi general» que ha invadido la cristiandad y en particular la Iglesia romana.

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Una historia para cada día...

Nuestra Señora de la Asunción

Virtud de las letanías de la Santísima Virgen.

Un día, o mejor dicho, una tarde, dos desdichados jóvenes, que ya no conservaban ningún sentimiento religioso y que habían perdido incluso el recuerdo de María, su Madre, caminaban tristemente como huérfanos en cuyo corazón se había creado un inmenso vacío, cuando fueron sacados de su ensueño mundano por unos cánticos procedentes de una capilla cercana. Curiosos, entraron en el santuario. Un coro cantó: «Santa María, ruega por nosotros»; el otro coro respondió: «Santa Madre de Dios, intercede por nosotros», etc. Y ellos mismos se sorprendieron al sentir que se rezaba por ellos. Y ellos mismos se sorprendieron al sentirse conmovidos hasta lo más profundo de sus almas. A su pesar, las lágrimas inundaron sus ojos, cayeron de rodillas y, en una confusión tan deliciosa como inexpresable, mezclaron sus voces con los transportes de la asamblea. Habían llegado como enemigos a la casa de Dios; habían entrado con la sonrisa de la impiedad en los labios, con el desprecio de la irreligión hasta en el ruido insultante de su marcha; habían comenzado lanzando una mirada burlona de superioridad a los fieles arrodillados a los pies de María, y ahora, de repente, compartían el santo entusiasmo de la multitud, y glorificaban en voz alta a la santa Madre de Dios que los había vencido.

Otras historias...

Señal de la Cruz

En el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo y de la Madre de Dios. Amén.

Oración preparatoria

¡Oh Jesús! Vamos a caminar con Vos por el camino del calvario que fue tan doloroso para Vos. Háganos comprender la grandeza de Vuestros sufrimientos, toque nuestros corazones con tierna compasión al ver Vuestros tormentos, para aumentar en nosotros el arrepentimiento de nuestras faltas y el amor que deseamos tener por Vos.
Dígnaos aplicarnos a todos los infinitos méritos de Vuestra Pasión, y en memoria de Vuestras penas, tened misericordia de las almas del Purgatorio, especialmente de las más abandonadas.

Oh Divina María, Vos nos enseñasteis primero a hacer el Vía Crucis, obtenednos la gracia de seguir a Jesús con los sentimientos de Vuestro Corazón mientras Lo acompañabais en el camino del Calvario. Concédenos que podamos llorar con Vos, y que amemos a Vuestro divino Hijo como Vos. Pedimos esto en nombre de Su adorable Corazón. Amén.