Al comenzar la Cuaresma, debemos hacer propósitos para vivir, no para la tierra, sino para el Cielo. Nos guste o no, esta vida no tiene otro sentido. Tan pronto como aceptamos esta verdad y nos ajustamos a ella, si, al menos, no la rechazamos, nuestra vida, cambia de óptica.

Consideraremos las cosas de la tierra desde la perspectiva de Dios. Cada uno de nosotros tenemos la responsabilidad de nuestras almas. Aprovechemos este tiempo de Cuaresma para renovar en nosotros la idea de la responsabilidad que tenemos ante Dios para trabajar por nuestra santificación. Tenemos que hacerlo, porque esta es la Voluntad de Dios, que seamos santos. Sed perfectos, como vuestro Padre Celestial es perfecto.  (S. Mateo 5, 48)

Padre Juan Gregorio de la Trinidad, ODM

El Santo Tiempo de Cuaresma

Altar de la capilla de Jesús Crucificado – Monasterio de los Apóstoles – Cuaresma

El Santo Tiempo de Cuaresma comienza con el Miércoles de Ceniza y termina el día de Pascua. Fue establecido por los primeros Apóstoles para imitar el ayuno de 40 días de Nuestro Señor en el desierto. “En el día de su Bautismo, Jesús fue proclamado Hijo amado del Padre, Maestro a seguir e imitar. Movido por el Espíritu de Dios Él pasa 40 días y 40 noches en el desierto. Jefe de la humanidad pecadora, Él quiere mostrarle el camino de la penitencia. Sin duda, Él siendo la misma Santidad, tomó sobre Sí el peso de nuestra iniquidad y nos enseña cómo expiar. Él quiere al mismo tiempo orar y mortificarse, sobre todo por aquellos que pronto elegirá para ser sus discípulos”.

Así Cuaresma es un tiempo de penitencia y purificación, para implorar la misericordia divina y el perdón de nuestros pecados.

Nada es más eficaz para llevar el corazón a estos santos ejercicios que la consideración del sufrimiento que Jesús estuvo dispuesto a soportar por amor a nosotros, durante Su Vida y especialmente en Su Dolorosa Pasión.

Mientras que los mundanos, próximos a la Cuaresma, buscan distracciones y entretenimientos con demasiada frecuencia pecaminosos, en Carnaval; comenzamos a meditar el sufrimiento de Nuestro Salvador.

Qué agradable es a Jesucristo, que con frecuencia meditemos en su Pasión. Todos los Santos se han ocupado casi continuamente en la meditación del dolor y la confusión que nuestro Dulce Redentor padeció por nosotros.

San Agustin dice que, nada útil, nada capaz de llevarnos a la salvación eterna, como meditar todos los días sobre las penalidades que Jesucristo sufrió por nosotros.

“Oh admirable Pasión, exclama San Buenaventura, haces celestial lo que se contempla!”

Santo Tomás de Aquino le preguntó un día qué libro utilizaba más para registrar en sus obras tan hermosas enseñanzas. San Buenaventura le mostró el crucifijo que había ennegrecido con la fuerza de sus labios de tanto besarlo: “No, dijo, éste es el libro del que tomo todo lo que escribo; es Él quien me enseñó lo poco que sé”.

San Leonardo de Puerto Mauricio profesaba una devoción especial a la Pasión de Nuestro Divino Redentor. “La mejor manera, escribió, para santificar el mundo católico, y liberarlo de la tiranía de Satanás, es hacer todos los esfuerzos posibles para que los fieles piensen a menudo en la Pasión del Salvador, y que la tengan siempre grabada en sus corazones. De buen grado yo contribuiré a este resutado con el precio de mi sangre, de mi último aliento y de mi vida”.

“Al estudiar el crucifijo, es que todos los Santos se han convertido en expertos en el arte de amar a Dios…..Jesús Crucificado: éste debe ser nuestro Libro”. Al leer con asiduidad, como todos estos Santos, aprendemos en primer lugar, a temer el pecado, y por el otro, a tener un amor ardiente por un Dios tan amoroso; porque en sus heridas vemos las marcas de la malicia del pecado, que Dios condenó a sufrir una muerte cruel para satisfacer la Justicia Divina, y promesas de amor que el Salvador nos ha dado, tanto sufrimiento y dolor, precisamente para hacernos comprender lo mucho que Él nos ha amado”.

Por eso, la Cuaresma es un tiempo favorable para nuestra purificación y santificación, tratando de hacer la meditación diaria o lectura espiritual, mediante el relato de la Pasión en el Evangelio o de un libro que trate sobre el mismo tema, o el ejercicio saludable del Viacrucis.

Escrito ODM

Miércoles de ceniza

La Iglesia abre la Cuaresma con la imposición de la ceniza a sus fieles. Es el recordatorio de nuestra condición mortal y la afirmación de que la penitencia es necesaria.

En el esfuerzo de purificación, en que la Iglesia nos introduce, tiene su parte la expiación, pero en mayor grado aún la misericordia divina. A lo largo de toda la Cuaresma proseguirá este esfuerzo, alentado con la expectación de la Pascua y de el alegría de los que hayan de ser rescatados.

Dom Gaspar LEFEBVRE, Misal diario y vesperal, 1964, pp. 238-239 y 241

“Pidamos a Dios el espíritu de penitencia. Y si no podemos abrazar las austeridades voluntarias para mortificarnos a nosotros mismos, al menos, voluntariamente, aceptemos el castigo, los trabajos, los avatares y los sacrificios que la Providencia nos impone”.

R.P. Teodoro Ratisbona