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La oveja perdida y encontrada

Método de confesión

Para prepararse bien para recibir el sacramento de la penitencia (o el perdón de los pecados), hay que hacer cinco cosas:

1. Haz un examen de conciencia;
2. Lamentar tus pecados;
3. Toma la firme resolución de no volver a ofender a Dios;
4. Confesar los pecados al sacerdote;
5. Aceptar la penitencia impuesta por el sacerdote.

Si no se tiene la oportunidad de confesarse, se puede recibir la absolución de las faltas, incluso graves, en la absolución general que dan diariamente los sacerdotes antes de la Misa, siempre que se tenga contrición por las faltas y la firme intención de acusarlas en la próxima oportunidad.

ORACIONES ANTES DEL EXAMEN

Espíritu Santo, fuente infinita de luz y de amor, tened piedad de un miserable pecador que no puede conocer por sí mismo sus iniquidades, ni concebir ninguna pena saludable. Iluminadme, Dios mío; hacedme ver el mal que he cometido y el bien que he descuidado desde mi última confesión; no permitáis que me esconda de mí mismo; arrancad el velo de malicia que el amor propio pone con demasiada frecuencia ante mis ojos. Muestradme vos mismo el mal que he osado cometer contra Vuestra adorable Majestad, el daño que he causado a mi prójimo y todas las transgresiones que me he permitido contra las sagradas promesas de mi bautismo.

Oh Dios mío, por el amor que Os llevó a crearme, y luego a redimirme encarnándoos, dignaos guiarme y dirigirme en esta confesión que voy a hacer por amor a Vos.

Oh María, Madre de mi Redentor, mi corazón está lleno de espinas y zarzas que sólo la gracia de Vuestro Hijo puede desarraigar en mí. Las heridas de mi alma se han hecho tan profundas; pero tengo en Vuestro Hijo un médico hábil que es el único que tiene el poder y la voluntad de curarlas. Implorad, pues, Su ayuda para mí, a fin de que, libre de todo mal, pueda serle agradable. Amén.

Tres Avemarías.

EXAMEN DE CONCIENCIA

Pecados contra Dios:

Omisiones o negligencias en mis deberes de piedad, irreverencias en la iglesia, omisiones en las oraciones diarias, distracciones voluntarias en las oraciones, falta de atención, resistencia a la gracia, falta de confianza y resignación. Quejarse y rebelarse contra Dios. Decir el nombre de Dios, de la Santísima Virgen o de las cosas religiosas sin respeto (maldecir y jurar).

Contra el prójimo:

Juicios temerarios, desprecio, odio, celos, deseos de venganza, peleas, enfados, murmuraciones, burlas, denuncias falsas, provocaciones, daños a la propiedad, mal ejemplo, falta de respeto, obediencia, caridad. Daño y destrucción de la reputación a través de las redes sociales. El placer culpable de conocer o difundir los pecados de los demás: los medios de comunicación y las malas palabras.

Contra uno mismo:

La vanidad, el respeto humano, el egoísmo, la mentira, los malos pensamientos, los deseos, el habla y las acciones contrarias a la pureza, la intemperancia, la impaciencia, la pereza en el cumplimiento de los deberes del propio estado.

ACTO DE CONTRICIÓN

Oh Dios, Padre mío, he pecado contra el Cielo y contra Vos, no soy digno de ser llamado Vuestro hijo. Reconozco ante Vos y en la amargura de mi alma, la multitud y la enormidad de mis ofensas. Ah, que dará a mis ojos torrentes de lágrimas para llorarlos como se merecen. Oh bondad infinita, es por Vuestro amor que detesto mis iniquidades; es por los méritos infinitos de Jesucristo mi Salvador que pido y espero el perdón; es en Sus adorables heridas que vengo a buscar el remedio para las que el pecado ha hecho a mi alma. Señor, tened piedad de mí, según Vuestra gran misericordia; ved los sentimientos de mi corazón; aumentad y confirmad en mí, por Vuestra gracia, la resolución en que he de evitar el pecado y las próximas ocasiones de caer en él.

ORACIÓN EN EL MOMENTO DE LA CONFESIÓN

Señor mío Jesucristo, cuyo carácter es compadecerse de los pecadores y perdonar siempre al corazón arrepentido, he aquí ante Vos un miserable criminal que implora Vuestra clemencia, con el ardiente deseo de obtener la remisión de sus faltas. Mi alma está manchada de pecados sin número; por eso recurro a Vos, Señor, que sois la fuente de toda pureza. Apiádaos de mí según la plenitud de Vuestra misericordia, porque mi miseria es grande. Borrad todos mis pecados hasta el último vestigio. Oh Dios mío, que habéis dicho por medio de Vuestro profeta que en la misma hora en que el pecador gime por su delito, lo perdonaréis; perdonadme, pues, mis iniquidades; limpiadme de toda mancha, y que mi alma quede blanca como la nieve. Decid esta palabra reconfortante sobre mí: «Yo te absuelvo de tus pecados». Entonces la paz y la alegría descenderán a mi alma, y todo mi ser saltará de felicidad. Amén.

Después de la confesión

ACCIÓN DE GRACIAS

Oh, alma mía, da gracias al Señor, tu Dios, y reconoce las maravillas de Su misericordia para contigo. Por los espantosos tormentos a los que has sido justamente condenado, este Dios de bondad está dispuesto a contentarse con una ligera satisfacción, a perdonarlo todo y a olvidarlo todo. Dios mío, debéis ser lo que sois, un Dios lleno de dulzura, lleno de misericordia, para actuar así con las criaturas miserables.

Qué bueno sois, oh Dios, hoy lo estoy experimentando. ¿Pero cómo puedo mostraros mi gratitud? Lo menos que puedo hacer, oh divino Redentor de mi alma, es ofreceros hoy y todos los días de mi vida un sacrificio de alabanza; es bendecir y exaltar sin cesar Vuestra infinita misericordia. Lo hago con todo mi corazón, oh Dios, y lo haré hasta la muerte.

Oh Virgen Santísima, Madre de mi Dios, confieso con humilde gratitud que debo a Vuestras oraciones las gracias que Dios me ha concedido. ¿Por qué entonces, Madre amorosa, he sido menos fiel en serviros que Vos en asistirme? A partir de ahora, quiero honraros, obedeceros y amaros tanto como me lo permitan mis débiles fuerzas. Protesto en este momento que Os pertenezco enteramente: dignaos aceptar mi protesta y la confianza que pongo en Vos, y obtenedme de Vuestro amado Hijo, mi Salvador, una fe viva, una esperanza firme, un amor profundo, alegre y fiel. Obtened para mí pureza de alma y de cuerpo, humildad indefectible, paciencia inquebrantable y sumisión a la voluntad de Dios. Y alcanzadme, Santísima Virgen, la gracia de imitar fielmente Vuestras virtudes, para que merezca Vuestra protección en la hora de mi muerte. Amén.

Pater, Ave, Gloria.

FIRME PROPÓSITO DE NO OFENDER MÁS A DIOS

Está hecho, Dios mío, ya no quiero ofenderos; desde este momento empiezo a amaros. Sí, Vos sois el Dios de mi corazón, reináis allí como un Rey soberano. Os amo con toda mi alma, porque me amáis con un amor infinito. Renuncio al pecado para siempre, porque Os ofende. Detesto todos los pecados que he cometido y los detesto por Vos, porque Os desagradan, y porque sois infinitamente santo, infinitamente bueno, infinitamente amable. Me propongo firmemente no volver a cometerlos; pero, Dios mío, Os conocéis mi debilidad, dignaos fortalecerme. Oh Dios, Vos que me dais esta buena voluntad, bendecidla y fortalecedla para que, sea cual sea la ocasión, sea cual sea la tentación que me ataque, nunca me separe de Vos ni de Vuestro amor. Ayudadme, oh Dios, para que mi alma Os pertenezca sólo a Vos. Mandadme, estoy preparado para todo.

Oh María, vengo a Vos y traigo a Vuestros pies la confianza y la seguridad de un niño. Bajad Vuestra mirada sobre la angustia de mi corazón, y dadme la ayuda de Vuestra intercesión delante de Dios, para que encuentre gracia ante Él; para que me corrija de tal o cual falta, y para que huya de todo pecado mortal y de toda ocasión de caer en él. Amén.

Ave María.