Para ser recitada en tiempos de calamidad (delante de un crucifijo si es posible). Esta oración fue compuesta por la Beata Melanie Calvat, Mensajera de Nuestra Señora de La Salette.

Padre Eterno, ¡contempla a Tu Hijo Jesucristo crucificado por nosotros! En Su nombre y por Sus méritos, ten misericordia de nosotros pobres pecadores, porque nos arrepentimos y nos volvemos a Tu infinita misericordia. Deje que le toquemos, tenga piedad de nosotros que somos Su herencia. No violes, Señor, el pacto que hiciste: conceder la oración que Tus hijos Te hacen.
Es cierto que por nuestras grandes iniquidades hemos ofendido Tu Justicia, pero Tú, Dios mío, que eres bueno por naturaleza, deja que brille la grandeza de Tu infinita misericordia. Señor, si Te acuerdas de nuestras iniquidades, ¿quién podrá permanecer ante ti? Señor, confesamos que somos muy culpables y que son nuestros pecados los que nos han traído estas plagas. Pero Tú, Señor, que has querido que cada día Te llamemos Padre Nuestro, mira ahora la gran aflicción de Tus hijos, y líbranos de tan grandes aflicciones. Oh, ten piedad, oh Dios mío, por los méritos de Jesucristo, ten piedad por el amor que Te tienes a Ti mismo; por el amor de la Virgen María «nuestra Madre», ¡perdónanos!
Recuerda, oh Señor, que somos llamados Tu pueblo, ten piedad de la locura humana. Envía un rayo de Tu luz divina que disipe las tinieblas de nuestra inteligencia, y que nuestra alma enmendada cambie sus caminos y no sature más de amargura el Corazón de su Dios!
Señor, sólo la mano de Tu infinita misericordia puede salvarnos de tantos flagelos. Señor, estamos embriagados de aflicciones internas y externas, ¡tenga piedad de nosotros! Aparta, Señor, Tu rostro de nuestros pecados y mira a Jesucristo que Te ha dado satisfacción sufriendo y muriendo por nosotros, ¡Él es Tu Hijo! Y así celebraremos Tu infinita misericordia.
¡Deprisa, escúchanos, Señor, de lo contrario nuestro valor se verá muy disminuido, ya que hemos caído en un estado tan miserable! Rápido, Señor, déjanos sentir Tu misericordia, porque sólo esperamos en Ti, que eres nuestro Padre, nuestro Creador, y que debes preservar y salvar a los que son Tuyos para siempre.
–Castellammare, Febrero 1884

Jesús mío, perdón y misericordia: por los méritos de Vuestras Santas Llagas y los sufrimientos de Vuestra Santísima Madre.