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Magníficat!

¡Para la preservación del Depósito de la Fe!
¡Para que venga el Reino de Dios!

San José, padre adoptivo del Niño Jesús, guardián y protector de la Virgen María.

San José elegido entre todos

Este es el siervo fiel y prudente 
que el Señor ha establecido sobre su familia.

San José es el hombre elegido entre todos los demás para ser el padre del Niño Jesús y el esposo de la Virgen Inmaculada. Esta incomparable misión contiene todos los títulos de su grandeza. San José contribuyó a la realización del plan de la Providencia ocultando el secreto de la Encarnación del Hijo de Dios al enemigo del género humano. Gracias al matrimonio legal que José contrajo con María, la antigua serpiente no conoció el cumplimiento de la predicción del profeta Isaías: Una Virgen concebirá y dará a luz un Hijo que Se llamará Dios con nosotros, Emmanuel. Esta vocación no se parece a ninguna otra; distingue a San José.  Veló por el Niño y la Madre; Los salvó de todos los peligros, Los guió por la tierra extranjera y Los trajo de vuelta a Israel. Es el ángel visible de la Sagrada Familia, depositario de la confianza de Dios. Qué poderoso debe ser ante el trono de la gracia el siervo fiel a quien Dios ha dado los tesoros del cielo y de la tierra para que los guarde.

La misión angélica que San José cumplió con respecto a la Sagrada Familia se perpetúa en la Iglesia; porque las vocaciones de Dios son irrevocables; y lo que los Santos fueron en la tierra, lo serán eternamente en el Cielo. José será siempre el agente de Dios, el instrumento de la Providencia. Él vela por los hijos de la Iglesia como veló por la cuna en Belén; los preserva de las asechanzas del enemigo, provee a sus necesidades espirituales y temporales, consuela los dolores del exilio y lleva a los peregrinos de este mundo de vuelta a la patria celestial. San José es sobre todo el modelo y el guía de las almas interiores. Dirijámonos a él para pedirle el amor de una vida oculta, el conocimiento de la oración y el culto a Dios. Sería poco honrar a San José con nuestro ferviente homenaje si no buscáramos merecer su paternal protección.

R.P. Théodore Ratisbonne, Miettes évangéliques, París, Société Générale de Librairie Catholique, 1878, p. 525-526.

San José, Patrón de la Santa Iglesia, 
sea glorificado y haga que venga el reinado de Dios en la tierra como en el cielo.