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Magníficat!

¡Para la preservación del Depósito de la Fe!
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Coronilla de la Divina Misericordia

Jesús Misericordioso

Introducción

En la noche del 13 al 14 de septiembre de 1935, Sor Faustina Kowalska tuvo una visión en la que vio al Ángel de la ira de Dios lanzando rayos y truenos sobre la tierra. Sor Faustina comenzó a rezar a Dios por el mundo, pero sintió que su oración era ineficaz. En el mismo momento, vio a la Santísima Trinidad y quedó deslumbrada por Su Majestad e infinita Santidad… Oyó en su interior palabras con las que, con extraordinaria fuerza, comenzó a suplicar y pedir la misericordia divina:

«Padre eterno, Os ofrezco el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la divinidad de Vuestro amado Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, en reparación de mis pecados y de los del mundo entero. Por Su dolorosa Pasión, tened piedad de mí y del mundo entero.»

Prodigio, a raíz de esta oración, el Ángel se quedó sin poder ejecutar el justo castigo (Cf. Diario Pequeño).

Al día siguiente, al entrar en la capilla Sor Faustina, Jesús le dio esta recomendación:

«Cada vez que entres en la capilla, repite de una vez la oración que te enseñé ayer».

Jesús le dijo de nuevo:

«Hija Mía, incita a las almas a rezar esta coronilla que te he dado… Quien rece esta coronilla obtendrá la gracia de Mi infinita misericordia… A través de esta coronilla lo obtendrás todo, si lo que pides es conforme a Mi voluntad. (Cf. Pequeño Diario)

Así nació la Coronilla de la Divina Misericordia.


 

Las oraciones de la coronilla

(Las siguientes oraciones se recitan en un coroncina ordinario)

Al principio:

Padre Nuestro… Ave María… Creo en Dios…

En las cuentas grandes, una vez:

Padre eterno, Os ofrezco el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Vuestro Amado Hijo, Nuestro Señor Jesucristo,
– en reparación de mis pecados y los del mundo entero.

En las cuentas pequeñas, 10 veces:

Por Su dolorosa Pasión,
– tened piedad de mí y del mundo entero.

Al final de cada década, recita tres veces:

Dios santo, Dios fuerte, Dios eterno,
– tened piedad de mí y del mundo entero.

Para terminar la coronilla, decimos 3 veces:

Jesús, en Vos confío.


 

Extractos de los mensajes dados a Sor Faustina Kowalska

– Para obtener la misericordia de Dios, primero debemos reconocer nuestra miseria, arrepentirnos de nuestros muchos pecados y creer en el infinito Amor y Misericordia de Dios. Además, debemos ejercer la misericordia con el prójimo, pues Dios nos dice en el Evangelio: «Si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre celestial os perdonará también vuestros pecados». (S. Mateo 6, 14) Y Jesús nos hace pedir: «Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden». (S. Mateo 6, 12)

«Nuestro Señor», escribe Sor Faustina, «no quiere castigar a la humanidad, desea curarla estrechándola en Su Corazón misericordioso».

«La única salvación es arrojarse a los brazos del Dios misericordioso, donde la humanidad encontrará la vida, la felicidad, la paz duradera».

«La humanidad no encontrará la paz hasta que se dirija con confianza a la Misericordia de Dios».

«Los mayores pecadores, antes que todos los demás mortales, tienen derecho a los infinitos tesoros de Mi Misericordia. Mis delicias son las almas que invocan Mi Misericordia. Les doy gracias más grandes que las que Me piden. No puedo castigar al mayor pecador, si implora Mi Misericordia. Lo purifico en el abismo insondable de esta Misericordia.»

«Antes de venir como Juez, primero abro de par en par la puerta de Mi Misericordia. Quien no quiera pasar por la puerta de Mi Misericordia, tendrá que pasar por la puerta de la Justicia».

«Escribe: Cuanto mayor es la miseria, mayor es el derecho a Mi Misericordia. Llama a todas las almas a confiar en el increíble abismo de Mi Misericordia, pues deseo salvarlas a todas».

«La fuente de Mi Misericordia fue abierta de par en par por la lanza cuando estuve en la Cruz. Era para todas las almas, no excluía a nadie».

«Concederé gracias muy grandes a las almas que recen la coronilla de Mi Misericordia».

«Repite sin cesar esta coronilla que te he enseñado. Quien lo diga a menudo será protegido por la Divina Misericordia durante su vida y especialmente en el momento de su muerte.»

«Quiero conceder gracias inconcebibles a las almas que confíen en Mi Misericordia».

«Deseo una gran confianza por parte de Mis criaturas… Que el alma débil no tema acercarse, aunque tenga tantos pecados como granos de arena hay en la tierra. Todo será lavado en el abismo de Mi Misericordia».

«Hija Mía, las llamas de Mi Misericordia me consumen. Deseo verterlos en los corazones humanos. ¡Oh, qué dolor siento cuando no quieren recibirlos!»

«Hija Mía, diles que soy el Amor y la Misericordia encarnados».

«Dichosa el alma que ha estado sumergida toda su vida en el torrente de Mi Misericordia».

«Di a la humanidad doliente que se apriete contra Mi Corazón lleno de Misericordia y la llenaré de paz».

Compartir con los tuyos

Se hace la Señal de la Cruz

En el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo y de la Madre de Dios. Amén.

Ofrenda del Rosario

Me uno a todos los santos que están en los Cielos, a todos los justos que están en la tierra, a todas las almas fieles que hay en este lugar. Me uno a Vos, Jesús mío, para alabar dignamente a Vuestra Santísima Madre y alabaros en Ella y por Ella. Renuncio a todas las distracciones que me sobrevengan durante este Rosario. Quiero rezarlo con modestia, atención y devoción, como si fuera el último de mi vida. R. Amén.

Os ofrecemos, Santísima Trinidad, este Credo para honrar todos los misterios de nuestra fe; este Padrenuestro y estas tres Avemarías para hon­rar la Unidad de Vuestra esencia y la Trinidad de Vuestras Personas. Os pedimos fe viva, firme esperanza y ardiente caridad. R. Amén.

Se reza el Símbolo de los Apóstoles

Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del Cielo y de la tierra: y en Jesucristo, Su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y muertos.

Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia de Jesucristo, la Comunión de los Santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Se reza un Padrenuestro

Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea el Tu Nombre; venga a nos el Tu reino; hágase Tu voluntad, así en la tierra como en el cielo.
El pan nuestro de cada día, dánosle hoy; y perdonadnos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores; y no nos dejes caer en la tentación, mas líbradnos del mal. Amén.

Se rezan tres Ave María

Dios Te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre las mujeres, y bendito es Tu Hijo, Jesús.
Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Se reza un Gloria al Padre

Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo, y a la Madre de Dios.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Se reza un Padrenuestro

Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea el Tu Nombre; venga a nos el Tu reino; hágase Tu voluntad así en la tierra como en el cielo.

El pan nuestro de cada día dánosle hoy; y perdonadnos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores; y no nos dejes caer en la tentación,
mas líbranos del mal.
Amén

Se reza diez Dios Te salve María

Dios Te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es Tu Hijo Jesús.
Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Se reza un Gloria al Padre

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo y a la Madre de Dios.
Como era en el principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.

Oración pedida por Nuestra Señora en Fátima:

Oh Jesús mío, perdonadnos nuestros pecados, líbradnos del fuego del infierno, y llevad al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de Vuestra misericordia.