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Origen de la devoción del mes de María

El mes de mayo está especialmente dedicado a honrar a María, Madre de Dios y Madre nuestra. Muchos historiadores atribuyen esta conmovedora devoción a San Felipe de Neri, tan devoto de la salvación de las almas y tan celoso de difundir el culto a la augusta Madre de Dios por todas partes. Este santo, lleno de interés por la juventud, había observado que el mes de mayo era el más peligroso del año para los adolescentes. Lamentó no poder contener el ardor de sus pasiones, y los miró con ternura, con los ojos llenos de lágrimas. Por fin tuvo la santa idea de recurrir a la Reina de las Vírgenes y poner a los muchachos bajo Su protección maternal durante el mes de mayo. Con este fin, dio a los jóvenes una regla de conducta para vivir santamente este hermoso mes. Prescribía un piadoso homenaje ante las imágenes, estatuas o altares de María, ejercicios diarios de devoción, asiduidad a la Santa Misa, oraciones más frecuentes combinadas con actos de virtud y obras piadosas, y finalmente una comunión general o particular durante o al final del mes, seguida de una consagración a la Santísima Virgen. Los resultados más felices coronaron sus piadosos esfuerzos, y la transformación que vio producirse en sus jóvenes protegidos le llenó de alegría.

Los hijos de la Santísima Virgen se alegran de dedicarle un mes entero; y porque, para una ofrenda a una persona estimada y amada, se debe buscar siempre lo mejor y lo más agradable, han elegido el hermoso mes de mayo, que, por la renovación de la naturaleza y la hermosa variedad de flores con que se cubre la tierra, parece invitar al alma a renacer a la gracia, a adornarse con virtudes sublimes de modo de formar una corona para la Reina del universo.

Esta tierna devoción a María es una fuente pura y abundante de gracias y favores para los corazones fieles; santifica el alma piadosa y la mantiene en santo recogimiento en medio de los objetos disipadores que la rodean.

Esta devoción, alentada por los Santos, ha sido además acreditada por los innumerables frutos de gracia y salvación que nunca ha dejado de producir.

(Padre Huguet)

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