Busqueda
Generic filters

Si no encuentra lo que busca,
puede enviar un correo electrónico:
apotres@magnificat.ca

Magnificat!

¡Para la preservación del Depósito de la Fe!
¡Para que venga el Reino de Dios!

Una historia para cada día...

Sagrado Corazon de Jesus

Santa familiaridad del Corazón de Jesús.

El divino Salvador Se complacía en visitar a menudo a Su amada sierva, Santa Ángela de Foligno, y llegó a tener una asombrosa familiaridad con ella. Así es como la propia Santa habla de estos favores:

Un día, estando en oración, me quedé extasiado, y oí a mi Dios hablándome con palabras llenas de amor. Miré, y Él estaba dispuesto a permitirme verlo. Si me preguntan qué vi, responderé que lo vi a Él mismo; no puedo decir más que eso, a no ser que añada que vi una plenitud, una claridad con la que me sentí completamente lleno. No vi nada corpóreo, porque estaba como en el cielo; sin embargo, Su belleza era tan arrebatadora que podía decir que había visto la belleza soberana que contiene todo el bien. Esta visión, que fue bastante larga, me pareció que sólo duró un instante. Mientras miraba, embargada por la admiración, oí que me dirigía estas palabras: «Mi dulce y amadísima hija, todos los Santos del cielo te tienen un amor especial, Mi Madre también lo comparte, y Yo te introduciré en su sociedad.»

Estaba demasiado ocupado con Él para ser muy sensible a este lenguaje, y la impresión que me causó Su incomparable belleza, me hizo tan feliz, que no pensé en mirar a los Ángeles o a los Santos; comprendí, además, que todo lo que tienen de amable, lo toman prestado de Él, y que Su adorable Corazón es la fuente de la que emana todo lo bueno y bello de las criaturas. Me lo estaba diciendo de nuevo:

«Hija Mía, siento un inmenso amor por ti, pero lo oculto en lugar de mostrártelo. – Señor, Le dije, ¿cómo puedes amar tanto a una criatura tan innoble y cuya vida entera ha servido para ofenderte? – Mi amor por ti, continuó, es tan grande que, aunque veo todas tus faltas, he perdido como el recuerdo de ellas; sólo considero en ti el rico tesoro que Mi Corazón ha depositado.» Tuve la confianza de preguntarle por qué me ocultaba Su amor.

«Te oculto, me dijo, lo que en Mi amor está fuera de proporción con tu debilidad. – Pero, Le dije, si eres el Dios Todopoderoso, ¿no puedes fortalecerme de tal manera que pueda soportarlo? – Si lo hiciera, hija Mía, quedarías satisfecha, y entonces ya no tendrías hambre de Mí: por eso no quiero que sientas toda Mi ternura. Quiero, por el contrario, que durante tu vida mortal no puedas aplacar el hambre que te apremia, que Me desees y que languidezcas de amor.»

Otras historias...