Busqueda
Generic filters

Si no encuentra lo que busca,
puede enviar un correo electrónico:
apotres@magnificat.ca

Magnificat!

¡Para la preservación del Depósito de la Fe!
¡Para que venga el Reino de Dios!

Una historia para cada día...

Sagrado Corazon de Jesus

Obreros de la última hora.

Unas buenas religiosas hospitalarias habían tenido más de una vez el dolor de ver morir a los enfermos sin poder devolverlos a Dios. Se les aconsejó que recurrieran al Corazón de Jesús y al de Su Santísima Madre, y que, para asegurar Su protección, expusieran Sus imágenes en aquella de sus habitaciones donde habían tenido que deplorar esta desgracia. Así lo hicieron, y varios años después nos aseguraron que nunca habían perdido a un enfermo en esa sala sin que hubiera recibido los Sacramentos.

En un pueblecito del sur de Francia vivía un buen anciano, adornado con todas las virtudes que el mundo estima: moral irreprochable, probidad infalible, benevolencia con los pobres, servicialidad con todo el mundo; sólo le faltaba una cosa, que hoy, por desgracia, les falta a tantos hombres loables en todos los demás aspectos: no recibía los Sacramentos. Y sin embargo, la vejez traía cada día nuevas dolencias y presagiaba un final próximo. Su familia gimió ante su indiferencia religiosa; multiplicó sus oraciones para obtener la ansiada conversión. Sus deseos fueron finalmente concedidos, gracias al adorable Corazón de Jesús. Habiéndole sido regalado un hermoso grabado del Sagrado Corazón, lo hizo enmarcar y le dio un lugar de honor en su salón, a pesar de las burlas de algunos falsos amigos, de los que el mundo nunca carece. Y a menudo el buen anciano venía a considerar este grabado; a veces incluso se pasaba un buen rato contemplándolo. Un día, en este mismo salón, le sobrevino una apoplejía y, con el permiso de la Divina Providencia, las personas que habían acudido a socorrerle le colocaron en un sillón frente a este grabado que tanto había amado. Cuando recobró el conocimiento, pidió un sacerdote, recibió todos los Sacramentos con la mayor piedad, y poco después murió. Hoy, sin duda en el cielo, agradece al Divino Corazón que, por medio de esta piadosa pintura, había devuelto su alma a la práctica de la religión, suavizado los últimos momentos de su vida y asegurado su felicidad eterna.

(Mensajero del Sagrado Corazón)

Otras historias...