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Una historia para cada día...

La Sagrada Familia en oración

La oración de la jardinera

El Sr. de Flammenville, obispo de Perpignan, se encontró una vez con una buena jardinera a la que preguntó por su forma de servir y rezar al Señor. ¡Cuál fue su asombro y admiración cuando la oyó recitar esta hermosa paráfrasis, esta paráfrasis igualmente piadosa y natural de la Oración Dominical! Confesó que nunca había escuchado a nadie rezar a Dios tan bien.

Padre nuestro que estás en los cielos. Qué feliz soy, oh Dios mío, por tenerte como Padre, y qué feliz soy al pensar que el cielo será un día mi hogar. No permitas que haga nada que me prive de tan gran felicidad.

Santificado sea Tu nombre. Dios mío, no soy más que una pobre mujer, y por lo tanto incapaz de santificar Tu santo nombre por mí misma; pero deseo, con todo mi corazón, que sea santificado por todo el mundo.

Venga a nosotros Tu Reino. Deseo, oh Dios mío, que Tú reines en mi corazón por Tu gracia desde este momento, para que pueda reinar contigo en la gloria para siempre.

Hágase Tu voluntad en la tierra como en el cielo. Dios mío, me has condenado a ganarme la vida con el trabajo de mis manos; acepto, Señor, esta feliz condición, y no querría cambiarla por otra contra Tu adorable voluntad.

Danos hoy el pan de cada día. Dios mío, Te pido tres tipos de pan: el de Tu divina palabra, para enseñarme lo que debo hacer; el de la santa Eucaristía, que fortalece mi alma; y el necesario para alimentar y sustentar mi cuerpo; y Te prometo, Dios mío, después de haber tomado lo necesario para mí, asistir con el resto a los que puedan necesitarlo.

Perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Señor, sé que he ofendido a muchas personas; les pido perdón de todo corazón, pero a los que me han ofendido, los perdono. Te ruego, Dios mío, que les hagas todo el bien que deseo para mí.

No nos dejes caer en la tentación. Señor, Tú ves cuántos enemigos me rodean, y lo difícil que me resulta, sin Tu gracia, no sucumbir a sus sugerencias; Te lo pido de todo corazón.

Mas líbranos del mal. Te pido, oh Dios, la gracia de librarme del mayor de los males, que es el pecado, el único que puede hacerme perder Tu gracia.

Amén. Te pido, oh Dios mío, con esta palabra, el cumplimiento de todas las peticiones que acabo de hacer.

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