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Una historia para cada día...

La Sagrada Familia en oración

Debemos perdonar para ser verdaderos hijos de Dios

Un hombre de bastante buena apariencia fue al hospital para ofrecerse como compañero de San Juan de Dios. Juan, que tenía mucho tacto, no tuvo dificultad en reconocer que el tipo no era adecuado para él. Se lo dijo con amabilidad, pero no pudo evitar que el hombre se enfadara y armara un jaleo que atrajo a mucha gente. Por fin se alejó, pero recogiendo una piedra, la arrojó con todas sus fuerzas a la cara del Santo, y desapareció. Juan, aturdido, retuvo a los que querían perseguirle, y les dijo entre otras cosas: «¿No es justo que le perdone esta única ofensa, cuando tengo tantas ante Dios que necesitan ser perdonadas?»

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