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Nuestra Señora de la Asunción

Una piadosa estratagema de una Hermana de la Caridad.

Nadie ignora que las piadosas Hijas de San Vicente de Paúl se han dedicado a Constantinopla durante varios siglos. Trabajaron en la educación de los niños, y muchas familias mahometanas encontraron así los medios para conocer nuestra fe y recibir el santo bautismo; pero las penas más severas les prohibieron tratar de convertir a los antiguos musulmanes. Sin embargo, la augusta María Se dignó a tocar el corazón de algunos de estos seguidores de Mahoma.

Un viejo musulmán, escribe una Hermana de la Caridad, estaba peligrosamente enfermo. Nos había prestado algún servicio: así que, con espíritu de gratitud, las Hermanas quisieron procurarle la inefable felicidad de recibir el Santo Bautismo; pero fue muy difícil tener éxito en este piadoso plan.

La Hermana de la Caridad tenía derecho a visitar al enfermo para darle sus cuidados y sus remedios, pero no podía hablar de religión. Si lo hiciera sin que el musulmán se lo pidiera, se expondría a las peores represalias. La augusta Reina del Cielo sugirió una santa estratagema; la de deslizar una medalla milagrosa en el lecho del enfermo.

Oh buena Virgen María, ¡qué misericordiosa eres con los que confían en Ti! No había pasado el día y ya el musulmán pedía ser instruido en la religión de Jesucristo. Un sacerdote se acercó a él y, después de haberle ilustrado sobre nuestros misterios, le dio el santo bautismo. El enfermo murió, y sin duda el cielo se abrió para él, ya que había creído en Jesucristo y se había bautizado.

Hay personas que no tienen miedo de ridiculizar las prácticas santas y piadosas de la devoción a María. Se preguntan de qué sirve llevar una medalla bendecida, un santo escapulario. Hijos de María, no tengáis miedo de contestar a estos pobres ignorantes, dejad que lo prueben y verán por su propia experiencia.

Que todos en cada familia sean fieles a llevar una medalla o algún objeto de devoción a María. Las madres y hermanas deberían regalarlas a sus hijos y padres como el más preciado regalo de su amor por ellos. Convenzámonos de que nunca será en vano que lleven consigo una muestra de su devoción a la augusta Reina del Cielo.

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