Busqueda
Generic filters

Si no encuentra lo que busca,
puede enviar un correo electrónico:
apotres@magnificat.ca

Magnificat!

¡Para la preservación del Depósito de la Fe!
¡Para que venga el Reino de Dios!

Una historia para cada día...

Nuestra Señora de la Asunción

Qué misericordiosa es María.

Un abogado del sur de Francia había recibido una educación cristiana al principio; pero un maestro impío y vicioso corrompió su mente y su corazón: el joven se convirtió en ateo. Se entregó durante diecisiete años a todas sus pasiones y, furioso por no encontrar la felicidad en ellas, fue perseguido durante diez años enteros por la espantosa idea del suicidio. A los treinta y dos años, una aventura le llevó a París, y allí se encontró humillado en sus dos pasiones más queridas, el orgullo y el libertinaje. Fuera de sí, furioso, desesperado, cruzó la plaza de Notre-Dame des Victoires, sin saber a dónde iba. La puerta de la iglesia está abierta; se lanza a ella con toda su furia. En su frenesí, arremete contra Dios por sus problemas; llega a amenazarlo con el puño. Si es cierto que Tú existes -dice-, ¿por qué soy tan infeliz? Aquí ve la estatua de María; la mira con furia: «Alíviame, dice, si puedes hacer algo». Oh, buena María! Ella escucha esta indigna oración: en esa misma hora la agitación del pecador disminuye, y él reanuda tranquilamente: «Oh Tú, consuelo de los desdichados, ten piedad de mí». La Santísima Virgen, en efecto, Se compadeció de este pobre pecador: le inspiró a volver a Sus pies varias veces; le hizo sentir el vacío de las pasiones y de los sistemas impíos que había seguido ciegamente. La paz y la felicidad de sus primeros años volvieron a su mente. Decidió confesarse y pronto pudo recibir a Nuestro Señor Jesucristo. Fue, durante el resto de su vida un modelo de edificación y un propagador de la devoción al Corazón Inmaculado de María, refugio de los pecadores.

Otras historias...