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Nuestra Senora de La Salette

Los efectos del rezo del Santo Rosario para la conversión de las almas.

El Santo Rosario fue dado por la Reina del Cielo al glorioso Santo Domingo para devolver a los herejes al seno de la Iglesia y convertir a los pecadores. Tomamos de los Anales de las Misiones de China un hecho digno de atención.

En Kiang-Nan, dice el misionero chino, la devoción al rosario es tan antigua como la fe, y es quizá a ella a quien debe su conservación. En las parroquias, los fieles llevan el rosario en el ojal, y no están menos orgullosos de este adorno que de una cruz o una cinta en otro lugar. María también les concede, a cambio, marcas sensibles de Su protección. Daremos sólo un ejemplo:

Una pobre mujer, desesperada y en malas relaciones con su marido, tuvo la horrible tentación de suicidarse, y descubrió su culpable plan al misionero. Hizo todo lo posible por disuadirla, y después de exhortarla a poner toda su confianza en María, le regaló un rosario, recomendándole que nunca lo dejara. Un mes más tarde, regresó y le dijo a su confesor: “Padre, tenga piedad de mí; estoy muy desdichada”. Si todavía existo, si no estoy hundido en el infierno, no es mi culpa. No escatimé nada para hacerme morir; pero, inconcebiblemente, no lo conseguí. He tragado sapèques de cobre oxidado, y repetidamente he bebido enormes dosis de veneno, y cada vez no he experimentado más que dolor en mis entrañas acompañado de espantosos vómitos. Cuántas veces me propuse precipitarme al río! y siempre una mano invisible me retenía de la orilla del agua: mis pies se negaban a abandonar la tierra, por más que intentara despegarlos”.

Mientras hablaba, las lágrimas inundaban su rostro y sus rasgos angustiados atestiguaban su sinceridad. Entonces el Padre le hizo una pregunta tras otra sobre sus ejercicios de piedad. “Padre, desde hace varios meses no he rezado, se lo aseguro, la menor oración; ni siquiera (un crimen increíble entre estos fervientes cristianos) he rezado mi rosario. Tenía en el fondo de mi alma la íntima persuasión de que era una víctima condenada sin recursos a la condenación.” Durante media hora el misionero buscó en vano el nudo secreto del asunto; pero la palabra del rosario se lo trajo. Se enteró de que la desdichada mujer, fiel a su recomendación, nunca había permitido que la separaran de su Rosario, a pesar de todas las sugerencias contrarias del enemigo del género humano. “Es suficiente”, le dijo, “ve y humíllate a los pies de la buena Madre”. Una conversión sincera fue el fruto de esta señal de protección.

Píos hijos de María, aprended del relato de este piadoso misionero a tener plena confianza en la Virgen del Rosario. Aplíquense a la santa práctica de rezar el Rosario todos los días, y amen de llevarlo consigo; será una gran ayuda para que la Reina del Cielo les sea favorable. ¡Qué precioso es amar y servir a María!

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