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Nuestra Senora de La Salette

La misericordia de Dios.

Herolt informa que un desafortunado pecador, entre otros crímenes, había matado a su padre y a uno de sus hermanos, y que por ello vagaba como fugitivo. Habiendo asistido a un sermón sobre la Divina Misericordia un día de Cuaresma, quiso confesarse con el propio predicador, quien, tras escuchar el relato de sus crímenes, le mandó rezar ante un altar de la Virgen de los Dolores, para obtener el arrepentimiento y el perdón de sus pecados. El penitente obedeció; pero apenas comenzó a rezar, cayó muerto de repente. Al día siguiente, mientras el sacerdote recomendaba a la gente que rezara por este pobre muerto, una paloma blanca apareció en la iglesia y dejó caer una nota. El sacerdote, después de tomarla, leyó estas palabras: “El alma del difunto, que acaba de dejar su cuerpo, ha ido al cielo. Y tú, sigue predicando la infinita Misericordia de Dios.

(San Alfonso de Ligorio)

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