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Una historia para cada día...

Nuestra Señora del Rosario

El Rosario, poderosa protección en los peligros

Un joven religioso de la Orden de Santo Domingo ofrecía cada día a María la corona mística del Rosario. En un viaje, se encontró con un bosque infestado de ladrones. Al ver que su compañero temblaba, lo tranquilizó, reavivando su confianza en María. Luego, tras sentarse, rezaron juntos el rosario. Cuando se sentaron, rezaron juntos el Rosario. Un bandido, escondido en las cercanías, los observó y vio a una rica Señora tejiendo una corona con rosas que había recogido de la boca de estos religiosos; y cuando la corona estuvo terminada, Se la puso en la cabeza y desapareció.

Asombrado por este extraño espectáculo, el bandido se acercó a los dos viajeros y les preguntó quién era esa Señora que les acompañaba. No había nadie con nosotros -respondió uno de los religiosos-; rezamos juntos el rosario. – Vi a una señora con usted -dijo el asesino-, y ustedes Le estaban dando flores, y Ella estaba tejiendo una corona. – Mi prior me dijo una vez -añadió el religioso- que cuando rezamos el rosario, ofrecemos a María las flores más hermosas. La Señora que has visto es la Reina del Cielo, que ha querido mostrarte la verdad de este dicho.

El ladrón, conmovido por este prodigio, se arrepentó y se convirtió en un ferviente servidor de María.

¡Oh, con qué amor la Madre de la Misericordia recibe el homenaje que Le rendimos rezando el Santísimo Rosario! (Anales de Wadding)

¿No debería este ejemplo despertar en nosotros una tierna devoción por el Rosario, una oración tan grata a la Reina del Cielo que no ha dejado de manifestarla de siglo en siglo?

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