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Una historia para cada día...

Nuestra Señora del Rosario

Cómo encontrar la fe

Un hombre muy honorable a los ojos del mundo, pero desgraciadamente ajeno a toda creencia religiosa, se encontraba un día en una reunión de clérigos. En el curso de la conversación, este hombre tuvo ocasión de decir: «Ojalá tuviera fe, pero no creo, no puedo creer». Uno de los sacerdotes presentes se contentó con responderle con estas sencillas palabras: «Bueno, reza el rosario.» Entonces la conversación pasó a otro tema.

Tres años más tarde, el mismo sacerdote recibió una carta redactada de la siguiente manera: «¿Recuerda Usted, señor Cura, que hace tres años, en medio de una sociedad de eclesiásticos de la que usted era miembro, dije que no creía, expresando al mismo tiempo el pesar de no tener fe? A esto usted respondió: “Bueno, reza el rosario.” Estas palabras: “Reza el rosario”, que al principio me parecieron tan extrañas, permanecieron constantemente presentes en mi memoria. Me obsesionaban. Poco a poco me fui acostumbrando a oírlas resonar en mi corazón. Por fin me parecieron dulces y buenas: rezaba el rosario. Hoy creo, soy feliz y practico con gusto los deberes de la religión. Es a María a quien debo mi conversión.»

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