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Una historia para cada día...

Nuestra Señora del Purgatorio

Premio a un niño por su generosidad

San Pedro Damián, habiendo perdido a su padre y a su madre a una edad temprana, cayó en manos de uno de sus hermanos, que lo trató de la manera más inhumana, sin ruborizarse en dejarle sin todo, incluso sin zapatos y sin ropa adecuada. Un día el niño encontró un trozo de dinero en su camino. Piensa en su alegría: pensó que tenía un tesoro en la mano. ¿Para qué la usaría? La escasez en la que se encontraba le sugirió muchos proyectos; pero, después de pensarlo, decidió llevarlo a un sacerdote, para que ofreciera el sacrificio de la misa por las almas del purgatorio. Sorprendentemente, a partir de ese momento, su fortuna cambió por completo. Acogido por otro de sus hermanos, de mejor carácter, que tuvo para él toda la ternura de un padre, le hizo estudiar de tal manera que más tarde llegó a ser una persona famosa y un gran santo; condecorado con la púrpura, fue uno de los más firmes partidarios de la Iglesia. Así es como una sola misa, que había celebrado a costa de una ligera privación, fue el principio de inmensos beneficios para él.

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