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Una historia para cada día...

Nuestra Señora del Purgatorio

Los dolores de este mundo no son nada comparados con los sufrimientos del Purgatorio

La venerable virgen Ángela Tolomei, hermana del beato Juan Bautista Tolomei, habiendo caído peligrosamente enferma, suplicó al Señor que prolongara aún más su vida, para que pudiera completar la purificación de sus faltas y evitar así los terribles tormentos del Purgatorio. Su hermano pidió la misma gracia para ella, pero Dios no le concedió sus deseos y súplicas, y murió. Mientras su cuerpo era llevado a tierra, el beato Juan Bautista, por una inspiración de lo alto, ordenó a su hermana, en nombre de Jesucristo, que dejara las sombras de la muerte y apareciera viva de nuevo. ¡Oh, maravilla! ¡Al instante el cuerpo se agita, la cabeza se levanta, el difunto resucita! Sabía con qué propósito el Cielo había permitido tal milagro para ella. Así que no tenía otra preocupación que hacer penitencia. Los cilicios, las disciplinas, las vigilias prolongadas, los ayunos rigurosos ya no le parecían nada comparados con lo que había visto. Cuando le reprocharon que era demasiado cruel consigo misma: «¡Ah!, respondió, ¿qué es todo esto comparado con los tormentos reservados en la otra vida por las infidelidades que nos permitimos aquí abajo con tanta facilidad? Que haga cien veces más». Y continuó con sus prolongadas oraciones y penitencias. Finalmente, como el oro purificado por el fuego, fue llamada de nuevo por el Juez soberano al lugar de descanso celestial, donde voló, hay que creerlo, sin pasar por una nueva expiación.

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