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Magníficat!

¡Para la preservación del Depósito de la Fe!
¡Para que venga el Reino de Dios!

Una historia para cada día...

Niño Jesús, ¡Te amo con todo mi corazón!

Una lengua incorruptible.

San Antonio murió en Padua en 1231, y poco después de su muerte se inició la construcción de la magnífica basílica con cúpula donde iba a ser enterrado. Esta construcción duró 32 años y el cuerpo del Santo fue colocado bajo el altar mayor. Por orden del Papa, una comisión abrió el féretro; el cuerpo del Santo ya se estaba pudriendo, pero la lengua aún era rosada y flexible. San Buenaventura, que era miembro de la comisión, cayó de rodillas y exclamó: «Oh, bendita lengua, que siempre ha glorificado a Dios y entusiasmado a los hombres por su Creador, es evidente que has recogido grandes méritos de Él.» Esta lengua se encuentra todavía en la catedral de Padua, en un espléndido relicario adornado con piedras preciosas que vale más de 25o,ooo fr.

Dios ha confirmado a menudo la santidad de Sus siervos mediante milagros.

Cuerpos incorruptibles de los Santos.

Entre ellos están los de San Francisco Javier, en Goa, en la India; los de Santa Teresa, en las Carmelitas de Alba, en España; los de Santa Isabel de Portugal, en las Clarisas de Coimbra; los de Santa Catalina de Bolonia, en las Clarisas de esa ciudad; los de Santa María Magdalena de Pazzi, en Florencia; los de Santa Clara de Montefalcone, en el convento de ese nombre; etc., etc. Estos cuerpos no fueron embalsamados, y la mayoría de ellos simplemente yacen en tierra ordinaria. A día de hoy, no sólo no desprenden ningún mal olor, sino que en ciertos momentos desprenden un verdadero perfume; además, no están rígidas como las momias, sino que son flexibles.

Estos milagros demuestran que estas personas llevaban una vida santa.

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