A María, refugio de los pecadores

Oración de San Alfonso de Ligorio. Recitémoslo con gran fervor y contrición para obtener el perdón de nuestros pecados.

He aquí, oh Madre de Dios, postrada a tus pies un miserable pecador que se vuelve a ti y pone toda su confianza en ti. No merezco ni una sola mirada tuya, pero sé que desde que viste a tu hijo dar su vida por los pecadores, deseas ardientemente ayudarles.
Oh, Madre de la Misericordia, considera mi miseria y ten piedad de mí. Te escucho llamar a todos nosotros el Refugio de los pecadores, la Esperanza de los desafortunados que se ven reducidos a la desesperación, la Ayuda de los abandonados: sé pues mi Refugio, mi Esperanza y mi Ayuda; es para que Tú me salves por Tu intercesión.
Por el amor de Jesucristo, ayúdame, extiende una mano amiga a una persona desafortunada que, después de su caída, se encomienda a Ti para que le ayudes a levantarse.
Sé que, siempre que sea posible, te complace acudir en ayuda de un pecador; ayúdame, por tanto, ahora que puedes hacerlo. He perdido tanto la gracia como mi alma por mis pecados; pero he aquí que me pongo en tus manos; dime lo que debo hacer para recuperar la gracia de mi Dios, y lo haré sin demora. Es Él quien me envía a Ti para que me ayudes; quiere que recurra a Tu Misericordia, para que me ayudes en el gran asunto de mi salvación, no sólo por los méritos de Tu Hijo, sino también por Tus oraciones. ¡Bueno, entonces! Recurro a Ti; reza por mí a tu Divino Hijo, y manifiesta todo el bien que haces a los que confían en Ti: me atrevo a esperar que seré escuchado.

Jesús mío, perdón y misericordia: por los méritos de Vuestras Santas Llagas y los sufrimientos de Vuestra Santísima Madre.