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Liturgia para los domingos y las fiestas principales

Ascensión de Jesús
Domingo de la Ascensión

Reflexión sobre la liturgia del día – de L’Année Liturgique, de Dom Prosper Guéranger

Jesús subió al cielo. Su divinidad nunca estuvo ausente de Él, mas hoy Su humanidad es entronizada y coronada allí con brillante diadema; he ahí un nuevo aspecto del misterio de la Ascensión. El triunfo no bastaba a esta santa humanidad; el descanso le estaba preparado sobre el trono mismo del Verbo eterno al que está unida por una misma personalidad y alli debe recibir las adoraciones de toda criatura. Ante el nombre de Jesús, Hijo del hombre e Hijo de Dios, de Jesús sentado a la derecha del Padre Todopoderoso, “toda rodilla debe doblarse en el cielo, la tierra y los infiernos”.

Reinó el Señor sobre todas las gentes: Dios está sentado sobre Su santo trono. No os dejaré huérfanos: voy, y volveré a vosotros, y se alegrará vuestro corazón. Aleluya.

Oye, Señor, mi voz, con la que clamé a Ti, aleluya: a Ti dijo mi corazón: Busqué Tu cara: Tu cara, Señor, buscaré: no apartes Tu cara de mí, aleluya, aleluya.— Salmo: El Señor es mi luz, y mi salud: ¿a quién temeré?

Omnipotente y sempiterno Dios, haz que siempre tengamos para Ti una voluntad devota, y que sirvamos a Tu majestad con sincero corazón. Por el Señor…

Epístola

Lección de la Epístola del Apóstol San Pedro.

Carísimos: Sed prudentes, y velad en oraciones. Pero, ante todo, tened mutua caridad: porque la caridad cubre la multitud de los pecados. Sed mutuamente hospitalarios sin murmuración: dé cada cual la gracia a otro según la recibió, como buenos dispensadores de la multiforme gracia de Dios. Si alguien habla, que hable según las palabras de Dios: si alguien administra, administre según la virtud que Dios suministra: para que en todo sea honrado Dios por Jesucristo, nuestro Señor.

Réflexion sur l’Épître

Caridad y prudencia. — Mientras los discípulos están reunidos en el Cenáculo formando un corazón y una sola alma, y esperando la venida del Espíritu Santo, el príncipe de los Apóstoles que preside esta asamblea se vuelve hacia nosotros que esperamos el mismo favor, y nos recomienda la caridad fraterna. Nos promete que esta virtud borrará la multitud de nuestros pecados; ¡feliz preparación para recibir el don del cielo! El Espíritu Santo viene con el fin de unir a los hombres en una sola familia; dejemos las discusiones y preparémonos a la fraternidad universal que debe establecerse en el mundo con la predicación del Evangelio. Mientras esperamos la venida del Consolador prometido, el Apóstol nos dice que debemos ser prudentes y sobrios para vacar a la oración. Seamos dóciles: la prudencia consistirá en quitar de nuestros corazones todo obstáculo que aparte al Espíritu Divino; en cuanto a la oración, ella será la que les abrirá, para que El les reconozca y Se establezca en ellos.

Evangelio

Continuación del santo Evangelio según S. Juan.

En aquel tiempo dijo Jesús a Sus discípulos: Cuando venga el Paráclito, El que Yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, que procede del Padre, Él dará testimonio de Mí: y vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo. Os he dicho esto, para que no os escandalicéis. Os echarán de las sinagogas, y vendrá la hora en que, todo el que os matare, pensará hacer un servicio a Dios. Y harán esto con vosotros, porque no han conocido al Padre, ni a Mí. Pero os he dicho esto para que, cuando llegue dicha ora os acordéis de que Yo os lo dije.

Reflexión sobre el Evangelio

Espíritu de fortaleza. — La víspera de enviarnos el Espíritu Santo, Jesús, nos anuncia los efectos que este Consolador producirá en nuestras almas. Dirigiéndose en la última cena a los apóstoles les dice que el Espíritu dará testimonio de Él, es decir, que les instruirá sobre la divinidad de Jesucristo y la fidelidad que Le deben hasta morir por Él.

He ahí lo que producirá en ellos este divino huésped que Jesús, antes de subir al cielo, llama Virtud de lo alto. Duras pruebas les esperan; será menester resistir hasta derramar sangre. ¿Quién sostendrá a estos hombres débiles? El Espíritu que ha de venir sobre ellos. Por Él vencerán y el Evangelio dará la vuelta al mundo. Ahora bien, ha de venir de nuevo este Espíritu del Padre y del Hijo, y ¿cuál será el fin de Su venida si no armarnos para el combate y hacernos fuertes para la lucha? Al salir del tiempo pascual, donde los más augustos misterios nos iluminan y protegen, nos volveremos a encontrar ante el demonio irritado, el mundo que nos esperaba, y nuestras pasiones calmadas un momento que querrán revivir. Si estamos “revestidos de la Virtud de lo alto” no temeremos a nadie; esperemos la venida del Consolador, preparémosle un recibimiento digno de Su majestad; cuando Le hayamos recibido guardémosle cuidadosamente; Él nos alcanzará la victoria como la alcanzó a los Apóstoles.