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Sagrada Familia

Despojado de la prenda por el enemigo.

En los primeros tiempos de la Iglesia, un rey pagano mandó llamar a un obispo y le ordenó sacrificar a los ídolos. El obispo se negó, y el tirano le amenazó con la muerte. «Supongamos –dijo el obispo con valentía– que uno de tus siervos fuera capturado por el enemigo e, instigado a la traición, te permaneciera fiel; entonces deja que el furioso enemigo lo despoje de sus ropas y te lo devuelva desnudo. ¿Qué harías tú? ¿No lo vestirías con ropa nueva? Lo mismo ocurre conmigo. Me amenazáis a mí, siervo del Dios verdadero, con que si no reniego de Él, me despojaréis del vestido de mi alma, es decir, mataréis mi cuerpo. Pero Dios me devolverá esta prenda que perderé por amor a Él».

Dios devolverá la vida a los mártires. Jesucristo prometió que quien ha perdido su vida por amor a Él, la encontrará. (S. Matth. 10, 39.)

Opinión de un niño sobre el martirio.

Baronio relata en sus Anales el siguiente hecho. En el año 523, una madre y su único hijo fueron arrestados por el tirano Dunaan por motivos religiosos. La madre fue condenada al fuego, mientras que el niño se salvó. Quiero ir con mi madre», gritó. ¡Yo también quiero convertirme en un mártir! – Quieres ser martirizado», respondió el tirano. ¿Sabes lo que es? – Oh, sí –dijo el niño–, ser martirizado es dar la vida a Cristo por amor, y volver a recibirla inmediatamente después.

Perder la vida por Dios es entrar inmediatamente en el cielo; por eso la Iglesia nunca reza por los mártires.

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