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Sagrada Familia

Constantino el Grande y el Lábaro.

En el año 312, Constantino el Grande emprendió una campaña contra su rival Majencio. Antes del encuentro cerca del Puente Milvio, en las afueras de Roma, él y su ejército vieron una cruz luminosa en el cielo con las palabras: «¡In hoc signo vinces! – Por este signo conquistarás. – Hizo poner este símbolo en sus estandartes y obtuvo la victoria. Es a este acontecimiento al que la tradición atribuye la institución de los estandartes para las iglesias.

También nosotros saldríamos victoriosos de nuestros enemigos si utilizáramos la señal de la cruz en momentos de peligro. La señal de la cruz es una fuente de bendición.

La invención de la verdadera cruz (325).

La cruz de Cristo y los instrumentos de la Pasión habían sido enterrados por los judíos en el Calvario, y Elena, madre del gran Constantino, concibió el proyecto de buscar estas preciosas reliquias. Aunque ya tenía ochenta años, fue a Jerusalén y trató de obtener alguna información de los judíos, pero éstos se negaron a dar información sobre el lugar de la crucifixión hasta que fueron amenazados con las penas más severas. Las excavaciones que realizó permitieron descubrir tres cruces, con clavos y la tabla en la que aún quedaban los restos de la inscripción ordenada por Pilato. San Macario, obispo de Jerusalén, aconsejó a la emperatriz que hiciera tocar las cruces a una mujer gravemente enferma, con la esperanza de que Dios revelara la verdadera Cruz a través de su curación. Así, una mujer enferma fue llevada al Calvario, y en cuanto tocó la verdadera Cruz, recuperó la salud al instante. En memoria de este milagro, la Iglesia instituyó la fiesta de la Invención de la Cruz el 3 de mayo.

La señal de la Cruz nos da los mismos beneficios que el tocar el madero de la Cruz.

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