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Origen del Ave María, también llamado la Salutación Angélica

El Arcángel Gabriel, enviado por Dios Padre a la Virgen María para anunciarle que había sido elegida para ser la Madre de Dios encarnado, Le dijo estas palabras:

«Salve, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita eres entre las mujeres».

María, ante estas palabras, Se turbó; Se preguntaba, en Su interior, qué podía ser ese saludo.

«No temas, María, dijo el Ángel, porque has encontrado el favor de Dios. He aquí que concebirás en Tu vientre y darás a luz un Hijo, y lo llamarás JESÚS. Y será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios Le dará el trono de David, Su padre, y reinará sobre la casa de Jacob para siempre. Y Su reino no tendrá fin.»

Remontándonos a lo largo de los siglos, encontramos entre los primeros cristianos la piadosa práctica de saludar a María con el Ángel diciéndole: Ave María. En una antigua liturgia atribuida a Santiago, leemos ya esta invocación: «Celebremos la memoria de la santa, inmaculada y gloriosa Virgen María, para que obtengamos toda misericordia por Su intercesión.» Luego vienen estas palabras de la Salutación Angélica: «Salve, María, llena de gracia, el Señor es contigo, bendita eres entre las mujeres, y bendito es Jesús, fruto de Tu vientre, porque has traído al Salvador de nuestra alma». (Liturgia de Santiago Apóstol)

San Juan Crisóstomo inserta esta oración en la Liturgia de su diócesis. San Atanasio también recitó la Salutación Angélica cuando dijo: «Te saludamos, María, llena de gracia, el Señor es contigo; las jerarquías de los Ángeles se unen a los habitantes de la tierra para bendecirte. Bendita eres entre las mujeres, y bendito es el fruto de Tu vientre, Jesús. Ruega por nosotros, nuestra Soberana, Madre y Esposa del Señor». (S. Athan. In Evang. De Deipar.)

En cuanto a la segunda parte de la Salutación Angélica: «Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pobres pecadores», muchos críticos creen que fue compuesta por los Padres del Concilio de Éfeso en el año 431, en el momento de la definición del dogma de la Divina Maternidad de María. Otros eruditos, no menos serios, sostienen que estas palabras se añadieron a la Salutación Angélica sólo en 1508.

(Padre Huguet)

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