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Origen de la palabra «rosario»

Los antiguos pueblos de Oriente tenían la costumbre de ofrecer coronas de rosas a las personas distinguidas, y los primeros cristianos se complacían en honrar de este modo las imágenes de la Santísima Virgen y las reliquias de los mártires.

Un ilustre obispo, San Gregorio de Nacianzo, lleno de piedad hacia la Madre de Dios Salvador, se inspiró para sustituir la corona material de rosas por una corona espiritual de oraciones, convencido de que sería más agradable a la Santísima Reina de la Iglesia. Para ello compuso una larga serie o corona de oraciones, tejida con las más bellas alabanzas, los más gloriosos títulos y las más excelentes prerrogativas de María.

Santa Brígida, patrona de Irlanda, perfeccionó este piadoso pensamiento en el siglo V. Puso el pensamiento de San Gregorio al alcance de todos, sustituyendo las bellas oraciones que él había compuesto, pero que el pueblo no conocía, por las oraciones aún más bellas, y además todas populares, del Credo, el Pater y el Ave María. – Y para que uno pudiera saber, mediante una pista material, a qué atenerse en la recitación de estas oraciones, adoptó la costumbre de los anacoretas de la Tebaida, y ensartó granos de piedra o madera en forma de corona. – Rosario significa corona de rosas. Son rosas espirituales, oraciones llenas de amor con las que adornamos la cabeza de nuestra Madre.

El Rosario es, pues, un modo muy sencillo y fácil de rezar a Dios y de rendir a Su santa Madre los deberes que Le son debidos.

(Padre Huguet)

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