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Sagrado Corazon de Jesus

Aparición del Sagrado Corazón de Jesús a Santa Margarita María.

Nuestro Señor no sólo dio a conocer a Su fiel sierva las gracias que concedería a quienes veneraran la imagen de Su Sagrado Corazón, sino que también Se dignó mostrarle cómo debía representarse. Así es como la sierva de Dios informó a su director.

«El día de San Juan Evangelista, después de haber recibido a mi divino Salvador, me concedió una gracia que me pareció de la misma naturaleza que la recibida por este discípulo amado en la tarde de la Última Cena. El Corazón de Jesús se me representó como en un trono formado por fuego y llamas, resplandeciente por todos lados, más brillante que el sol y transparente como un cristal. La herida que recibió en la cruz era visible. Había una corona de espinas alrededor de este Sagrado Corazón y una cruz encima que parecía estar plantada allí. Mi divino Maestro me hizo comprender que estos instrumentos de Su Pasión significaban que el inmenso amor de Su Corazón por los hombres había sido la fuente de todos Sus sufrimientos: que desde el primer momento de Su Encarnación todos estos tormentos habían estado presentes para Él, y que desde ese primer momento la cruz estaba, por así decirlo, plantada en Su Corazón; que Él aceptó desde ese momento todos los dolores y humillaciones que Su santa humanidad iba a sufrir durante el curso de Su vida mortal, así como todos los ultrajes a los que Su amor por los hombres Lo expuso hasta el fin de los tiempos, habitando con ellos en el santo Sacramento.

«Entonces me hizo saber que el gran deseo que tenía de ser amado perfectamente por los hombres Le había hecho decidirse a manifestarles Su Corazón, y a darles en estos últimos días este último esfuerzo de Su amor proponiéndoles un objeto y un medio tan apropiados como para comprometerlos a amarlo, y a amarlo firmemente. Para que en esto les abra todos los tesoros de amor, de gracias, de misericordia, de santificación y de salvación que este Corazón contiene, de modo que todos los que quieran rendirle y procurarle todo el amor y el honor que les sea posible, se enriquezcan con profusión de los tesoros de los que este divino Corazón es fuente, fuente fecunda e inagotable.

«Me aseguró, además, que sentía un singular placer en ver honrados los sentimientos íntimos de Su Corazón y de Su amor bajo la figura de ese corazón de carne, tal como me había sido mostrado, cuya imagen deseaba ser exhibida en público; para, añadió, tocar los corazones insensibles de los hombres. Al mismo tiempo me prometió que derramaría abundantemente sobre los corazones de los que Le honraran, los tesoros de gracias con los que está lleno Su Corazón, y que dondequiera que se exhibiera esta imagen para ser honrada particularmente, atraería allí toda clase de bendiciones.

«Pero he aquí lo que me causaba al mismo tiempo una especie de tormento más sensible para mí que todas las penas que sentía: era que, al presentarme este Corazón, me hacía oír de nuevo estas palabras: Tengo una sed ardiente de ser honrado y amado por los hombres en el Santísimo Sacramento; y sin embargo, no encuentro casi nadie que se esfuerce, según Mi deseo, en saciar Mi sed, ofreciéndome alguna contrapartida.»

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